Es una pelea entre el dueño de Fate y el gobierno de Javier Milei

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Créditos: Adrián Pérez

El teléfono celular de Lucas Moha sonó el miércoles 18 de febrero a las 2.30 en su casa de Victoria, provincia de Buenos Aires. Por un momento, pensó que se trataba de una emergencia familiar. Saltó de la cama. Lo llamaba un compañero que cumplía con sus labores de mantenimiento de máquinas en la Fábrica Argentina de Tejidos Engomados (Fate), la empresa más importante en la elaboración de neumáticos para autos, camiones y ómnibus de Argentina.

Por Por Adrián Pérez Duarte (@_AdrianPerez_)

Le avisaba que tres policías, junto con un supervisor, más personal de seguridad privada y de recursos humanos, querían sacarlos de la fábrica. Los obreros mantenían una guardia por alguna emergencia o eventualidad laboral. 

–¿Decime qué hacemos?–, preguntó el compañero con voz agitada.     

–¿Cuántos son ustedes?–, respondió Moha.

–Somos siete–, contestó el trabajador desde la planta.

–Bueno, retírense pacíficamente, no se hagan golpear. Esto seguramente va a llegar al secretario general del sindicato–, sugirió Moha desde su teléfono. 

A las 4.30, cuando llegó a Fate, encontró el portón principal con cadenas. Frente a la planta, el obrero del neumático quedó impactado por la expresión de sus compañeros. Le corrió un frío por la espalda.

Es apretar un botón y que todo empiece a funcionar”

El 18 de marzo se cumplió un mes desde que la empresa ubicada en San Fernando, en la provincia de Buenos Aires, decidió parar la producción de neumáticos. Mientras tanto, los obreros se mantienen dentro de la fábrica, en forma pacífica, con la esperanza de revertir el cierre y sostener la fuente laboral de 920 familias. Prensa Comunitariaviajó hasta el cordón bonaerense donde se asienta el gigante del neumático para hablar con los trabajadores de Fate.

“Sabemos que hay materia prima para trabajar y las máquinas están energizadas (operativas). Es apretar un botón y que todo empiece a funcionar. De hecho, hasta el martes 17 de febrero, se hizo un mantenimiento de veintitrés días: quedaban cinco días para que la fábrica estuviera a punto”, señala Moha, apostado sobre la reja de la fábrica.

Dice que un mantenimiento anual es muy costoso. No entiende por qué la empresa hizo una inversión tan grande para cerrar al otro día. La sospecha que abriga junto a sus compañeros es que Javier Madanes Quintanilla –principal accionista de la única firma que produce neumáticos para camiones y colectivos en la Argentina y dueño de Aluar, compañía que cuenta con la exclusividad en la fabricación de aluminio en el país–, está buscando, mediante la maniobra de un supuesto cierre, obtener algún beneficio estatal, como una reducción impositiva para la empresa, a cambio de reabrir la fábrica.  

Trabajador de FATE en Argentina. Foto Adrián Pérez.

“Es una pelea entre Javier Madanes Quintanilla, dueño de Fate, y el gobierno de Javier Milei”

“Es una pelea entre Javier Madanes Quintanilla, dueño de Fate, y el gobierno de Javier Milei, y los que siempre quedamos en el medio somos los trabajadores”; afirma el operario que entró a Fate en 2019, con 33 años. Junto a los obreros y al personal administrativo, otros laburantes –en este caso, tercerizados– mantienen la expectativa sobre lo que pueda suceder en los próximos días: empleados del servicio de seguridad privada que custodian el predio de San Fernando, personal de limpieza, del servicio de chárter o del comedor para los empleados, encargados del cuidado de la parte edilicia. Todos estuvieron operativos hasta poco antes del cierre. 

A Moha lo tocó en su fibra más íntima el testimonio de Carlos “Charly” Oroño, que rompió en llanto, durante una entrevista televisiva, mientras le contaba al cronista que se iba a quedar sin obra social para su hijo Nahuel, diagnosticado con Trastorno Generalizado del Desarrollo (TGD). El trabajador de mantenimiento comparte con Oroño la responsabilidad de atender a un hijo con un cuidado especial. Su hija de tres años y tres meses tiene síndrome de Down.

En noviembre de 2024, Moha tuvo una neumonía bilateral que lo dejó algunos días internado. Como el servicio médico funcionaba dentro de Fate y no recibía certificados de salud por mail ni permitía que familiares de los obreros llevasen esos documentos a la empresa, lo citaron a la planta. Si no asistía a la consulta sería amonestado, suspendido o, incluso, podían echarlo. “Fui a entregar los certificados y la persona que me atendió me dijo ‘vos no podés estar acá con la neumonía que tenés’”, recuerda el trabajador.

“La empresa me despidió mientras estaba con fueros sindicales y con licencia médica”

Se quedó sin aire y se descompensó cuando subía por una escalera. En la caída se rompió dos ligamentos de la mano izquierda. En la reconstrucción le colocaron cuatro arpones. Como estaba de parte médico, la Aseguradora de Riesgos del Trabajo no respondió por el accidente laboral. Recientemente, se operó de la rodilla. “La empresa me despidió mientras estaba con fueros sindicales y con licencia médica”, cuenta.

Cuando se entera la familia –advierte Moha– es un bajón anímico para todos. Dice que sus hijos más chicos no magnifican tanto la situación; los más grandes le preguntan todo el tiempo cómo está. Desde que se anunció el cierre, los obreros de Fate sólo se alejan de sus puestos de trabajo para darse un baño en sus casas cada tanto y a las apuradas, saludar a sus hijos y regresar a la planta cuanto antes.

“Cuando querés descansar un par de horas pensás si la policía va a desalojar a tus compañeros. Mi compañera de vida, gracias a dios, es una persona de fierro, que comprende la lucha y que debo estar en la fábrica, no en el sillón de mi casa mirando cómo mis compañeros defienden mi puesto de trabajo. Invitamos a todos los trabajadores a que vengan a estar acá, de forma pacífica, tomando mate”, sostiene. 

“Hace treinta días que estamos en el techo de la fábrica”

Y agrega: “Hace treinta días que estamos en el techo de la fábrica. Somos cuatrocientos tipos resistiendo, tenés gente con mucha convicción. Los que estamos en la planta vamos a dar pelea hasta el último día, hasta que podamos mirarnos a la cara y decirnos que nunca bajamos los brazos”. 

En la conversación con Prensa Comunitaria, el obrero reflexiona sobre el impacto que podría ocasionar el cierre de Fate en el sector productivo: “Cae un monstruo como este, que supo tener casi dos mil obreros activos en cuatro turnos. El tipo que labura en una PyME con veinticinco trabajadores piensa: ‘si le pasó a este gigante, ¿por qué no nos va a pasar a nosotros?’. Si este conflicto no se resuelve, los empresarios van a empezar a hacer lo que quieran con el trabajador. Madanes Quintanilla debe estar en el top ten de los hombres más ricos de la Argentina”.

Trabajador de FATE en Argentina. Foto Adrián Pérez.

“Esperamos que el Estado colabore para que reabra la fábrica”

El miércoles 18 de febrero, Maximiliano Bronzuoli descansaba con su familia en la costa atlántica bonaerense, a varios kilómetros de su casa. Cuando encendió la televisión supo que la fábrica a la que había ingresado con 22 años cerraba. La noticia lo destrozó. Se abrazó con sus dos hijos y su compañera de vida. Lloraron en la intimidad.

Luego, habló con su familia. “Me encontré con la sorpresa de que me quedaba sin trabajo. Tenía que volver de las vacaciones para estar en la planta, junto a mis compañeros, que estaban despedidos, como yo”, indica. El viaje de regreso le pareció eterno. “Uno tiene sangre, corazón. Uno es padre de familia, tiene una responsabilidad, tiene que dar el ejemplo, mostrar entereza, y bueno, hay que seguir adelante”, comenta con la voz a punto de quebrarse.

El obrero del neumático dice que ahora están con toda la expectativa que un laburante puede tener de regresar a trabajar. “A pesar de que los noticieros informan que esto ya está, uno quiere que cambie. Esperamos que el Estado colabore para que reabra la fábrica y volvamos a trabajar las 920 familias que nos quedamos en la calle, que tenga un poco de conciencia”, completa.

Con casi tres décadas de trabajo, Bronzuoli apunta contra Javier Madanes Quintanilla como responsable del cierre. “Después de tantos años de brindarle un servicio y un trabajo a la empresa, que el dueño de la fábrica se haya enriquecido como lo hizo, producto de nuestro laburo, y que de un día para otro nos dejen en la calle, da mucha bronca. Pero vamos a pelearla, queremos volver a nuestros puestos de trabajo”, asevera.

Patrón de desgaste de los trabajadores del neumático

El documento Patrón de desgaste de los trabajadores del neumático. Condiciones de trabajo y respuesta sindical presentado en marzo de 2024 en Rosario, Argentina, duranteel VII Congreso “Las Antropologías hechas en América Latina y el Caribe en contextos urgentes: violencias, privilegios y desigualdades”, advierte, entre otras cosas, que en el sector banbury “el principal factor de riesgo se centra en el trabajo con múltiples sustancias químicas (más de 50)” y “presenta una cantidad inusual de casos de cáncer, con frecuentes problemas dermatológicos y respiratorios. Azufre, óxido de zinc, solventes, negro de humo, nitrosaminas, entre muchas otras sustancias, pueden afectar al trabajador por inhalación, ingestión o contacto con la piel o la vista.

En este sector, según el estudio, las sustancias utilizadas irritan los ojos, la piel, las vías respiratorias y el tracto digestivo. Y conforman una nube de polvo que, por las fallas en el sistema de extracción, es respirada continuamente por los trabajadores. La extracción del aire con material particulado es pobre o nula y el ingreso de aire externo casi inexistente.

El paper de los investigadores Gloria Rodríguez y Oscar Martínez señala que “el relevamiento de las sustancias utilizadas y del grado de toxicidad fue una tarea realizada por el sindicato, ya que las empresas no brindan dicha información a los trabajadores”. Y sostiene que las deficiencias estructurales en las instalaciones, el equipamiento obsoleto y el incumplimiento de la normativa en materia de ventilación y extracción de aire “agrava la situación hasta llevarla a un nivel de peligro de vida en el mediano plazo para los trabajadores que desarrollan su tarea en esa sección”.

“Rotos” y automedicados

Bronzuoli se desempeña en el sector banbury. Allí se pesan los polvos y pigmentos que se utilizarán en las mezcladoras de caucho, donde se producirá una reacción química que dará origen a una mezcla. Una vez que esa mezcla esté hecha, pasará por los molinos para acondicionarse en planchadas que se repartirán en diferentes sectores donde se fabricarán los materiales necesarios para el armado, ensamble y vulcanización de las cubiertas. En esas tareas, el operario y sus compañeros estaban expuestos a los azufres y a la sílice, entre otros químicos. “Sólo nos daban guantes, antiparras y un barbijo; y bueno, nosotros estábamos en contacto con eso”, comenta.

Actualmente, el operario de banbury arrastra una hernia cervical generada en los veintinueve años como obrero en Fate. Además, tiene problemas de musculación en las muñecas que, presume –porque no pudo ir al médico–, fueron ocasionados por una tendinitis. “Los dolores me los calmo con analgésicos”, confía mientras mantiene una celosa guardia sobre el alambrado de la fábrica.

Por ser cabeza de familia, se las arregló como pudo. “El sindicato hizo un estudio en su momento y determinó que la mayoría nos automedicábamos para seguir trabajando y llevar el plato de comida a la casa”, asiente. Para calmar el dolor y seguir produciendo, los operarios toman antiinflamatorios y relajantes musculares.

En la jerga de las empresas dedicadas a la elaboración de cubiertas, el concepto “rotos” se utiliza para referirse a los trabajadores que acarrean enfermedades o complicaciones físicas generadas por su labor en la fabricación de los neumáticos. A medida que van cosechando problemas de salud, se convierten en “faltadores crónicos”; no se ausentan porque no quieran trabajar. Es el daño colateral que provoca esta industria, cuya producción depende exclusivamente de los cuerpos que exprime hasta provocar hernias de disco, tendinitis, síndrome del túnel carpiano o hernias cervicales que los obreros llevan como sello indeleble.

“Nos mandaron a todos los trabajadores de vacaciones”

Bronzuoli entró a trabajar a Fate por una solicitada que leyó en el diario Clarín en 1997. Dos años habían pasado desde que la Ley de Flexibilización Laboral, impulsada por el gobierno de Carlos Saúl Menem, hacía de las suyas mediante la reducción de los costos laborales, la contratación temporal y allanaba el camino para que los empleadores pudieran despedir personal prácticamente sin despeinarse.

La Ley 24.465 estaba en su apogeo cuando Bronzuoli y sus compañeros comenzaban a probar las mieles del modelo neoliberal: no cobraban premio alguno ni siquiera los tickets canasta que funcionaban como vale alimentario no remunerativo y se desempeñaban bajo el sistema americano que imponía una rotación de turnos entre mañana, tarde y noche. Tuvo que elegir entre estudiar o salir a ganarse el mango. Y el deseo de trabajar ganó la pulseada. Hasta el 18 de febrero pasado.

El obrero del neumático hace memoria. Repasa sus años en la empresa y concluye que nunca pudo tomarse toda la licencia de corrido. Pero eso iba a cambiar este verano. “Nos mandaron a todos los trabajadores de vacaciones. Tenía treinta y cinco días y me los dieron todos, cosa que desde 1997 nunca había ocurrido”, señala. Ese movimiento inesperado sembraría la desconfianza en la planta. Mientras estaba en su descanso, un correo electrónico enviado por una empresa de correo le avisó que recibiría un telegrama. Ante la consulta de los delegados, Fate desestimó la existencia de ese mail.

“La empresa no le dio vacaciones a todo el personal de producción en forma simultánea y por casualidad”

En la cultura laboral que los dueños de Fate buscaron instalar a la carta, las vacaciones de sus trabajadores se fraccionaron desde siempre. Cada enero, una parte de los obreros salía dos semanas, y en febrero, llegaba el turno del resto de la planta, también por dos semanas. En la madrugada del 18 de febrero, sólo la cuadrilla que mantenía las máquinas estaba en la empresa.

Víctor Ottoboni se desempeña en el área de mantenimiento y asegura que Fate tomó esa medida de forma deliberada. “La empresa no le dio vacaciones a todo el personal de producción en forma simultánea y por casualidad: lo hizo para no pagarle a los compañeros. Nosotros tenemos un plus para fraccionar las vacaciones, que representa, más o menos, una quincena de trabajo. Eso amortigua un poco lo que se cobra por antigüedad que es casi nada: entre 200 y 300 mil pesos para cada operario (entre 140 y 215 dólares)”, describe el obrero la maniobra orquestada por Madanes Quintanilla.

Los rumores sobre el final de Fate circularon con fuerza el lunes 16 de febrero. En un texto difundido al día siguiente, la dirección del Sindicato Único de Trabajadores del Neumático (Sutna) informaba que, durante una comunicación telefónica, la empresa había negado esas versiones; pero que, al mismo tiempo, había mandado una carta documento al sindicato para discutir un cambio en el sistema de trabajo. La seccional rechazó ese pedido: regía un acuerdo, por un año, firmado en junio de 2025, con una cláusula que impedía los despidos en la fábrica. Y denunció que no había actualización salarial hacía más de un año.

Trabajador de FATE en Argentina. Foto Adrián Pérez.

“Fate siempre tuvo una política antisindical”

Aunque veía como algo lejano el cierre, con veintiún años de antigüedad, a Ottoboni –a los 50 años– no le sorprende del todo porque Madanes Quitanilla venía atacándolos. “Fate siempre tuvo una política antisindical, en contra de la organización desde abajo de los obreros, en contra de la realización de asambleas de base, siempre a favor de perseguir a los trabajadores que activan gremialmente. La empresa siempre atacó la organización, permanentemente”, pinta el obrero del neumático.

Cultura laboral, la de Fate, que remite a “El obrero herido”, de Antonio Berni. Una réplica, treinta años después, de la bienvenida que el gobierno neoliberal de Carlos Saúl Menem le dio a Bronzuoli en su ingreso a la vida laboral; o el cuadro del horror que la dictadura militar argentina plasmó entre 1976 y 1983 –cuando el terrorismo de Estado impuso la desindustrialización y la eliminación de toda organización político-sindical a sangre y fuego–, cuyo comienzo cumple cincuenta años el próximo martes. 

Con el arribo de Javier Milei a la presidencia, confeso admirador del pensamiento económico de Menem, el plan económico de las Tres Juntas Militares renace de la mano del líder libertario. El “industricidio” entró en una fase de reproducción. Según un trabajo elaborado por el Área de Estudios Sobre la Industria Argentina y Latinoamericana (AESIAL) y el Centro de Estudios de Historia Económica Argentina y Latinoamericana (CEHEAL) de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, publicado a principios de marzo, desde noviembre de 2023 se perdieron 100 mil puestos de trabajo en la industria, unos 160 empleos por día.

“El proceso de desindustrialización se aceleró: el peso del sector en la economía descendió del 16,5 al 15,2 por ciento en 2024 y se aproximó a 13 por ciento a mediados de 2025. De veinticuatro ramas manufactureras, veintidós redujeron su actividad entre 2023 y 2025”, advierte el documento.

Activistas y “rotos”. ¡Afuera!

En mayo de 2024, Fate despidió a 97 empleados. Los despidos fueron sin causa y depositaban toda la indemnización. Entre los despedidos había activistas y “rotos”. Luego de una serie de medidas de fuerza y tras una conciliación obligatoria, la empresa presentó un procedimiento preventivo de crisis, anunció su intención de echar a 450 trabajadores y propuso pasar del sistema de cuatro turnos de trabajo (mañana, tarde, noche y un turno libre para los francos) a un sistema de tres turnos en el que se trabajaría de lunes a sábado.

El domingo libre fue el anzuelo que la patronal presentó a los trabajadores. En la cuenta general, trabajarían catorce días más al año, por el mismo dinero. En marzo de 2025 Fate despidió a 36 trabajadores, entre activistas y ex delegados. Tras idas y vueltas en las que se rechazó el nuevo sistema propuesto por la patronal, se firmó un acuerdo con el compromiso de Fate, rubricado ante la secretaria de Trabajo, y homologado por las tres partes, de no realizar despidos hasta el 30 de junio de 2026.   

“La empresa apretó a los compañeros para que se fueran”

Con el cambio de sistema en el horizonte, Fate se lanzó a conquistar la reducción de personal. “La empresa apretó a los compañeros para que se fueran todo este tiempo, cambiándolos de sector, cambiándolos de turno, cambiándolos de máquinas”, cuenta Ottoboni. Desde su perspectiva, el desgaste –ocasionado por el maltrato laboral–, los sueldos congelados desde hace catorce meses –porque Fate se negó a actualizar salarios–, más una inflación escondida en los bolsillos de los trabajadores –que se ven obligados a comprar alimentos u otros víveres con tarjeta de crédito– hicieron que muchos obreros de la fábrica de San Fernando tomaran la decisión de alejarse y aceptaran la indemnización para hacer frente a las deudas contraídas.  

De cara al futuro inmediato, Ottoboni muestra cierto optimismo. “No veo que la empresa vaya a cerrar. Obviamente, lo presentan como un cierre definitivo, dicen que no hay vuelta atrás para que los compañeros piensen, ‘bueno, no se puede hacer nada, ya está. Es imposible cambiar esto. Agarro la plata y me voy’”, señala.

“Vamos a resistir hasta lo último”

Y recuerda una vieja pelea que se dio en la fábrica, en 1991. “Estuvieron casi cuarenta días afuera. También era un cierre definitivo, supuestamente. Después la empresa reabrió. Y reincorporó a los trabajadores que quiso y a los que tenía marcados los dejó afuera. Ahora están especulando más con el tema de los arreglos”, recuerda el obrero del neumático.

Ottoboni asegura que el tema pasa por dar la pelea para que la fábrica reabra y vuelva a producir. “Nosotros estamos en el techo de la planta, no es fácil subir y que nos saquen. Para llegar hay que conocer el lugar. Vamos a resistir hasta lo último. Esto es una puesta en escena de Madanes para que se vaya la mayoría de nuestros compañeros. Queremos nuestros puestos de trabajo”, sentencia el trabajador.

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