Por Francisco Simón Francisco
Hay seres humanos que caminan por el mundo sin miedos, con la convicción de que la verdad no se negocia. El abogado Juan Francisco Solórzano Foppa fue uno de ellos: un hombre sin pelos en la lengua, cuya valentía para denunciar la corrupción, la impunidad y las injusticias de Guatemala se convirtió en una luz de inspiración para muchos de nosotros.
Eres un hombre revolucionario sin pelos en la lengua, que nombra los hechos y sujetos por su nombre. Esto admiro de ti, esas fueron las palabras que más de una vez le dije al abogado Foppa en vida, reconociendo en él esa honestidad brutal que tan poca gente sostiene en este país. No usaba adjetivos vacíos; su trinchera eran datos, hechos verificables y elementos históricos. Foppa desnudaba al poder con la contundencia de la realidad, una cualidad indispensable en una sociedad acostumbrada al silencio impuesto y al olvido.
Hoy (17 de octubre de 2026), ante la crudeza de su cobarde asesinato, nos embarga una pregunta desgarradora: ¿Qué será ahora de su legado y de ese inmenso espacio que construyó desde las redes sociales? Foppa no era un analista de escritorio. Fue un hombre que dio la cara en la calle, que honró los espacios públicos donde trabajó y que nunca se escondió tras una pantalla.
Ahora nos quedan sus videos en redes sociales, piezas investigativas y frontales donde desarmaba nexos criminales y verdades incómodas. Esos análisis quedan huérfanos, y el vacío de su voz se siente como un frío espeso en la comunicación democrática.
El hilo de la memoria histórica conecta su trágico final con el de su abuela, la intelectual y activista Alaíde Foppa, desaparecida durante los años más oscuros de la guerra civil. Hoy, décadas después, su nieto es víctima de la misma violencia sistémica por la misma razón de fondo: negarse a callar y señalar a las estructuras criminales que asfixian a nuestro país. El asesinato del abogado no es solo un crimen contra un hombre; es un ataque directo a la verdad y al valor de cuestionar al poder.
En lo personal, esta pérdida es aterradora. Conocí a Juan Francisco en 2021. Era un abogado abierto, dispuesto y colaborativo. Guardo en la memoria tantos momentos compartidos, largas pláticas llenas de análisis, risas y, sobre todo, de esa historia revolucionaria que él llevaba en las venas y que compartía con generosidad.
Su partida deja un vacío enorme en los espacios donde la resistencia se piensa y se vive desde la cotidianidad y el compañerismo.
Las redes sociales y los espacios de organizaciones sociales, la academia y otros se han inundado de indignación y repudio ante este “crimen político”. Diversos sectores, personas defensoras de derechos humanos y la ciudadanía digna coinciden en lo mismo: no podemos permitir que el miedo vuelva a gobernar nuestras palabras.
Desde estas líneas, quiero enviar mi más profunda solidaridad a su madre, Silvia Solórzano Foppa y a Marta Karina Fuentes Kemp, una amiga y hermana entrañable para él, así como a toda su familia, amistades y seres queridos.
Al abogado, exfiscal del Ministerio Público (MP) y exsuperintendente de la SAT Juan Francisco lo callaron físicamente, pero el eco de sus denuncias y su ejemplo de dignidad ya pertenecen al pueblo. Nos queda a nosotros, los que quedamos en la trinchera de la comunicación comunitaria y el activismo, la responsabilidad de rescatar sus investigaciones y seguir utilizando los datos, la historia y la verdad para continuar nombrando las cosas por su nombre.
Tu fuego, hermano, sigue encendido.
Ciudad de Guatemala, 17 de octubre de 2026.



