Las ratas de la mochila

COMPARTE

Créditos: Prensa Comunitaria

Por Tania Palencia Prado

¡Juan Francisco Solórzano Foppa, honras a un joven y digno valiente!

Las huellas están allí

La orden de matarlo nació adentro del Estado. Cruzó el laberinto de ratas militares y oligarcas embadurnadas de excrecencias extranjeras y desde las más altas oficinas de seguridad nacional. Solórzano Foppa lo advirtió: Las mismas fuerzas que destruyeron la revolución de octubre y acentuaron la podredumbre del ejército, invaden hoy Guatemala como asesores o rambos de la cloaca, con un solo objetivo: control total del territorio.

El pensamiento político de Foppa jamás se redujo a un mero discurso antinarcótico. Foppa se forjó como el funcionario público que este Estado nunca ha permitido y siempre ha exilado. Rindió cuentas, creó métodos de investigación criminal y tuvo el valor de difundir sus datos. Su opinión siempre fue una crítica de economía política.

Divulgó una de las verdades negadas por el Estado y causa directa de la expulsión de la CICIG: la hipocresía del CACIF al exigir certeza jurídica cuando sus propios dirigentes han estado involucrados en el financiamiento ilícito de partidos políticos y en la histórica elusión y evasión fiscal. Les dijo que pedían justicia para todos, menos para ellos. No olvidemos los robos de Aceros de Guatemala.

Juan Francisco denunció que el CACIF debilitó la persecución penal. En varias ocasiones expresó con claridad que grandes empresarios vivían del Estado. Colocó en el debate público uno de los rasgos de la crisis que afecta hoy a todos los Estados del mundo: se los come el mercado, la economía de guerra, el capital financiero. Fue incisivo en mostrar los vínculos entre mafias, empresarios, ejército y Estado.

Grandes empresarios lo acusaron de terrorista fiscal, mientras siguen ocultando que tienen poder en todas las directivas de las instituciones estratégicas del Estado. Denunció ese contubernio empresarial. Tal como ahora la oscura Corte de Constitucionalidad le niega a Jonathan Menkos Zeissig, ministro de Finanzas, el derecho y el deber de estar en la junta directiva del Banco de Guatemala. Juan Francisco dijo lo que vemos: un CACIF feliz robando y contaminando ríos y ahora queriendo dominar la dirección pública del agua, para gestionarla como mercancía si la ley de aguas 6816 es aprobada tal como está.

Solórzano Foppa tuvo el valor de señalar la incapacidad del Estado para proteger a la ciudadanía y contener a las estructuras criminales. Su tesis política central fue mostrar y demostrar que la impunidad involucra a las más altas esferas del poder público y pudre al Estado mismo. Las huellas de esa verdad las han dejado los mismos policías que robaron la mochila y pusieron el arma ordenados por sus cobardes jefes.

El idiota domador de ratas

El idiota en la etimología griega o romana es aquella persona que se desentiende o ignora los asuntos públicos. La idiotez es el signo principal de la burocracia guatemalteca. Por siglos ha sido forjada como servil, racista y capataza metedora de miedo a la ciudadanía y subordinados. Ha sido educada para hacer “lo que la ley le dice”. Si el jefe la manda, la burocracia obedece. ¿Cómo espera así cumplir la ley el actual Presidente de la República?

La elegante idiotez presidencial ha dicho que la ley es primero. ¡Vaya i-de-ota! Por cumplir la ley se deshizo el Ministerio Público. Por cumplir la ley mataron a Solórzano Foppa. Y por cumplir la ley lo pueden matar a usted señor Presidente y a sus mejores y honestos funcionarios. A las ratas hay que expulsarlas porque siempre van a engañar.

La ley y la libertad pierden su sentido si se convierten en justificación de la dominación, como bien lo dijo Hannah Arendt. Como máximo estadista Bernardo Arévalo debe constatar que la mayor tragedia de la sociedad chapina es no haber crecido nunca con una valoración democrática del Estado. La obligación principal del Estado, la mayor y más importante, no es cumplir “la ley”: es crear comunidad. Es cultivar una convivencia donde podamos discrepar sin dejar de ser reconocidos como iguales ante le ley. Es ordenar acuerdos y desacuerdos como parte de la acción política democrática. Por qué hay jueces en el exilio, por qué hay periodistas en la cárcel o periodistas exiliados, por qué mataron a Foppa…

Bernardo Arévalo no debe seguir sacralizando las instituciones. En el año y meses que le quedan como jefe del Estado (no es solo jefe del Ejecutivo) debe impedir que la impunidad institucional siga sirviendo como herramienta para doblegar a la ciudadanía. Debe parar. Debe abandonar la idiotez de su estrategia. Mínimo: debe instruir para determinar quiénes fueron los autores intelectuales de este cobarde crimen.

Ni las ratas ni la mochila

La historia ha demostrado que el Estado no está capturado. El Estado ha sido y es una máquina colonial que sigue aplicando la doctrina de seguridad nacional gringa remozada y actualizada con Trump y sus abusos imperiales contra Cuba, Venezuela, Honduras, Brasil, Chile, Bolivia, Argentina, México y toda América Latina. Matar es lo que mejor saben hacer. Matan porque no soportan nuestra libertad. Matan porque solo toleran nuestra servidumbre.

Este asesinato contra un abogado joven que invocó siempre la Constitución Política de Guatemala demuestra que no soportan que seamos libres con nuestro voto. Saben que la magnitud de su crimen ha herido nuestros corazones y golpeado atrozmente nuestros cuerpos. Matar para reactivar el miedo y la censura.

¡Cuidado! Este terrible asesinato ocurrido en las vísperas del año electoral no solo quiere miedo. El golpe a nuestros cuerpos va también para reinar como control de nuestros cerebros. Querrán que estemos como idiotas única o principalmente atacando a este gobierno de neófitos. Exigir justicia es nuestro deber y debe ser a gritos fuertes. Pero recordemos que a Foppa le impidieron ser candidato electoral. Así que no lo dudemos. Quieren distraer nuestro voto para que la ciudadanía dirija su energía a “demandar” en lugar de disputarles el poder .

Si este gobierno quiere reivindicarse, que se posicione, sin neutralidades fashionistas, a favor de cambiar radicalmente al Congreso de la República. Debemos asegurar que una unidad mayoritaria llegará al Congreso con una agenda clara: no más abusos de la Corte de Constitucionalidad, no más hoteles en el sistema penitenciario, no más control en el Banco de Guatemala. Por pushitos de reformitas justicieras Guatemala no mejorará. Allí está toda la economía política de los Acuerdos de Paz, que son ley absolutamente violada. Una mayoría legislativa para poner al ejército y oligarcas en su lugar. Urge una asamblea constituyente. Sería en honor a todos los muertos.

COMPARTE

Ahorita