Guatemala acumula atentados que tratan de cambiar el curso de la historia

COMPARTE

Créditos: Prensa Comunitaria

Por Carlos Beristain

Juan Francisco, Foppa como todos le decimos, ha sido ayer asesinado. Lo entrevisté hace unos pocos meses, en marzo, en un restaurante popular en Guatemala lleno de bullicio, donde la grabadora tenía miedo de no poder captar sus palabras, y mi pluma corría detrás de él. Sus dos escoltas se quedaron ahí un poco retirados, hasta que después al despedirnos fue a pagarles la comida. Era una de las últimas entrevistas para el informe sobre la criminalización y exilio que preparaba. Él no había salido al exilio, aunque su nombre salía en muchas de las entrevistas de otras personas que habían salvado lo que puede llamarse su propia vida, teniendo que exiliarse.

Él, como otros, estuvo en la cárcel y tuvo encima varios procesos. Un hombre de palabra fuerte y clara, aunque más que sus palabras, hablaran los hechos. Un fiscal hecho desde abajo, auxiliar 1, 2, agente fiscal, jefe de la unidad de análisis, director de investigaciones criminalísticas. No solo pienso en tu recorrido, sino en que ahora eres víctima de esos modus operandi y patrones de violencia que contribuiste a desvelar. Un investigador del que otros tendrán ahora que hacer de detectives. Cuando mataron al cantante Facundo Cabral en Guatemala, creaste la unidad de investigación criminalística, como esas que ahora vemos en películas. La vida de las pandillas cuyo sentido y pegamento es la violencia, empezó a desmoronarse. La Fiscalía tuvo éxitos contra los Zetas y el Barrio 18.  Como tú me dijiste, ya estabas en el mapa de esa gente desde esa época, además porque tu familia tradicionalmente ha sido una familia vinculada a la izquierda y a la guerrilla en los 80. Tu abuela Alaide había sido una de las primeras personas desaparecidas que conocí en 1990 a través de sus poemas en la Comisión de Derechos Humanos de Guatemala, que también estaba en el exilio en México.

‪Después, fuiste nombrado jefe de la Super Intendencia de Aduanas, la SAT. Ahí se controlan las aduanas, pero como tú mismo me dijiste, algo más importante como fuente de fraude: los impuestos. Grandes empresas con todo el reconocimiento y poder eran en realidad delincuentes asiduos. Hay probablemente algo más importante que recuperar la plata defraudada de empresas, aviones y barcos, y es recuperar la institucionalidad.

– Esto hizo que me ganara de enemigos a los sectores más poderosos económicamente hablando del país.

Después intentaste saltar a la política electoral. Ese salto ya no era permitido. Ahí empezaron a ponerte multas y abrirte procesos, para evitar que te pudieras presentar a alcalde de Guatemala. Muchas veces, en este encuentro, hablaste de que todo era una cosa completamente absurda. Pero tus redes sociales y esa voz potente y clara te pusieron varas veces en el punto de mira.

En la siguiente detención participaron agentes de inteligencia vestidos de civil, algo ilegal. Tus redes lo gritaron. Como eso era ilegal tuvieron que imputarte por asociación ilícita, lo que blanqueaba la actuación de servicios de inteligencia, en ese clásico mecanismo de impunidad de tapar con lo que se tiene a mano, todo vale. Un tipo de guerra contra la justicia, de la que tantos han sido víctimas en Guatemala y están en el exilio. Aún acumulaste otras denuncias por tu compromiso y tus denuncias, abuso de autoridad, violencia contra la mujer y falsedad ideológica con fines electorales o con agravación electoral. Desde luego una cosa totalmente absurda.

Aún había otra acusación esperándote, cuando asumiste la defensa de José Rubén Zamora. Varios de sus abogados habían sido a su vez criminalizados. Cuando pediste que los expertos que habían firmado un documento oficial usado en tu contra se presentasen a verificar que eran sus firmas, te abrieron un nuevo proceso, ni siquiera quisieron que los testigos que habían presentado en tu contra estuvieran en el juicio. Una cosa completamente absurda, por la cual el juez te acusó de obstruir el juicio. Como ya nadie se atrevía a asumir el derecho a la defensa de esos casos impulsados por la fiscal Consuelo Porras, pediste al juez que pudieras defender a otro abogado de Zamora criminalizado y él te defendiera a ti.

-El juez, en una audiencia nos autoriza a actuar de esa manera, y el MP tampoco se opone.

Entonces, te señalaron patrocinio infiel, como si estuvieras engañando a tu cliente, como si no hubiera acuerdo entre los, dos además aceptado por el juez. La Procuraduría recurrió, y el mismo juez que lo avaló, lo desavaló. Una cosa completamente absurda.

Estuviste dos veces en la cárcel. Te metieron en una de ellas con otro querido colega para meterte miedo, que los presos peligrosos que habías ayudado a detener, terminaran el trabajo. Cuando ya estaba todo preparado con cuchillos y pistolas de esas que no se pueden tener en una cárcel, un comando os sacó de allí cuando ya se oían los pasos. Nunca supiste por qué tus detenciones se hacían en régimen de incomunicación. Cuando te entrevisté, me sorprendió la forma en cómo relativizaste cosas, como aceptar cargos. Aceptaste cargos dos veces, aunque eran injustos, porque te permitían seguir, aunque decías que esa ley de aceptación de cargos, con lo que te dejaban en libertad, era un mecanismo de impunidad. 

Poco después de aceptar, ganó las elecciones Bernardo Arévalo, contra todo pronóstico y toda marea. Ya habías decidido salir al exilio, ante tantas maneras de matarte civilmente, de acabar con cualquier resistencia, decidiste quedarte porque había una nueva oportunidad con un nuevo presidente que venía de la decencia de la historia de Guatemala. Tenías cinco sentencias pendientes, y como fuiste condenado, tuviste que pagar en concepto de reparación y costas 14.000 dólares. Pero entonces ya habías decidido de nuevo quedarte en el país. Las limitaciones de las sentencias te llevaban a una inhabilitación hasta finales de 2027, justo después de las siguientes elecciones generales de Guatemala el año que viene. Una neutralización calculada.

‪Al final de tu entrevista, cuando te pregunté por el exilio de tantos y tantas, me dijiste que no sabías si ibas a poder mantener tu decisión de quedarte. Que tu trabajo en la SAT y tu historia familiar te ponían en el punto de mira. También tus palabras valientes.

Ayer, tras tantas maneras de intentar tu muerte civil, mientras animabas a tu equipo de futbolistas de afición, llegó tu asesinato. Veo tu cuerpo cubierto en el suelo. Las evidencias de casquillos. Los policías alrededor. Hoy tus compañeros en el exilio son los que podrían investigar tu asesinato.  También ellos y ellas están profundamente consternados, adoloridos. Guatemala acumula atentados que tratan de cambiar el curso de la historia, de acabar con cualquier esperanza. Es en lo único que quisiera darte la razón: una cosa completamente absurda. A pesar de lo que todo esto duele.

COMPARTE

Ahorita