En Weimar la segunda ciudad más importante de Alemania, el 15 de abril la Federación de Abogados y Fiscales de ese país, entregó al juez Miguel Ángel Gálvez el más importante reconocimiento a los Derechos Humanos de la asociación.
Desde ese país de la Unión Europea (UE) se reconoce la trayectoria de más de dos décadas y los aportes del juez en la lucha de la justicia en contra de la corrupción y la impunidad en Guatemala.
Por Nelton Rivera
La Asociación de Jueces y Fiscales de Alemania entregaron el reconocimiento a los Derechos Humanos a Miguel Ángel Galvez, quien ejerció como juez de Mayor Riesgo en Guatemala hasta su exilio en 2022. Cuatro años después, en la ciudad de Weimar en Alemania a unos 9,600 kilómetros de distancia de su judicatura en el centro histórico de ciudad de Guatemala.
Su intervención duró 12 minutos, frente a unos 500 operadores de justicia reunidos en el edificio del “Congress Centrum Neue Weimarhalle”, Miguel Ángel Galvez dedicó este reconocimiento el 15 de abril de 2026 a todos los operadores de justicia que están en el exilio. Unos minutos antes Iván Velásquez Gómez ex comisionado de CICIG en Guatemala hizo referencia a la trayectoria de Gálvez y al contexto de cooptación del sistema de justicia guatemalteco.
Fuera de su discurso, Galvez habló de las tres olas de criminalización en Guatemala, la iniciada con la llegada del modelo extractivo a los territorios después de la firma de la paz, la segunda ola de 2019 cuando expulsaron a la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (Cicig), persiguieron y encarcelaron a operadores de justicia y desmantelaron al Ministerio Público y la tercera ola de 2023, por la defensa de la democracia que la ciudadanía y los pueblos indígenas realizaron con un levantamiento nacional.

Prensa Comunitaria comparte el discurso íntegro del juez:
Ciudad de Weimar, Alemania, 15 de abril 2,026.
Agradezco a la Asociación de Jueces de Alemania, en su 24º. El Día de los jueces y Fiscales Alemanes me OTORGA EL PREMIO DE DERECHOS HUMANOS.
Constituye un importante reconocimiento internacional a mi trayectoria de juez durante mi ejercicio judicial en Guatemala y al compromiso permanente con la justicia independiente, incluso fuera del país.
Guatemala atraviesa un momento decisivo para su estabilidad democrática y el fortalecimiento de sus instituciones. Es un momento que marca generaciones, interpela a quienes han defendido históricamente el orden constitucional y compromete a las nuevas generaciones que exigen instituciones íntegras, independientes y respetuosas de los derechos fundamentales. Las decisiones que hoy se adopten definirán no solo el presente, sino el tipo de república que heredarán quienes vienen detrás.
Nuestro país no es una nación uniforme, es un Estado plural y diverso, profundamente enriquecido por la dignidad y la historia de sus pueblos. Esa diversidad no es una debilidad, es su mayor fortaleza. Han sido los pueblos —especialmente los pueblos indígenas, las comunidades organizadas, las mujeres y las juventudes— quienes han sostenido, incluso en los momentos más difíciles, la defensa del territorio, la memoria y la justicia.
Sin embargo, la realidad nacional evidencia graves violaciones a derechos humanos, persecución contra operadores de justicia independientes y una preocupante erosión de las garantías democráticas. Frente a ello, la Constitución no puede ser un símbolo decorativo, es el límite al poder y la garantía de la dignidad humana en todas sus expresiones culturales, sociales y comunitarias.
Durante un par de décadas ejercí la judicatura en Guatemala. Integré diversos juzgados, especialmente los de mayor riesgo, donde el derecho no se aplica en condiciones neutras, sino bajo presión real. En esos espacios comprendí que la independencia judicial no es un discurso académico, es una práctica diaria que exige serenidad, firmeza y convicción ética. Las decisiones adoptadas en esos tribunales no sólo resolvían casos individuales; definían si el Estado estaba dispuesto a aplicar la ley sin privilegios ni exclusiones.
También aprendí que la justicia no puede construirse de espaldas a los pueblos, tiene el deber de garantizar el pluralismo jurídico, el respeto a la protección efectiva de derechos colectivos reconocidos tanto en la Constitución como en instrumentos internacionales. La igualdad ante la ley no significa uniformidad; significa reconocimiento y protección efectiva de la diversidad.
Guatemala conoce las consecuencias de la captura institucional. La instrumentalización del derecho penal, la presión contra operadores de justicia independientes y la erosión de procesos anticorrupción han debilitado la confianza ciudadana. Cuando la justicia se convierte en herramienta de poder, y no en límite del poder, la República se resiente —y quienes históricamente han sido marginados son los primeros en sufrirlo.
Hoy me encuentro en el exilio. No como una elección personal, sino como consecuencia de un contexto en el que ejercer independencia como juez tuvo costos. El exilio me ha permitido reflexionar profundamente sobre nuestro país, he extrañado nuestra energía, nuestra diversidad cultural, nuestras lenguas originarias y sobre todo la vitalidad democrática. Pero también he estudiado, trabajado y escuchado otras experiencias comparadas. He seguido formándome en derechos humanos y derecho internacional. Lejos de debilitar mi compromiso, esta experiencia lo ha reafirmado.
Guatemala no necesita una justicia alineada con coyunturas políticas. Necesita una Justicia incorruptible, técnica y profundamente consciente de la diversidad que compone la Nación. Una resolución dictada con Independencia puede fortalecer o debilitar el pacto constitucional que nos une.
Esta distinción pone de relieve la firme defensa de la legalidad, el debido proceso y la institucionalidad democrática, principios esenciales para la protección de los derechos humanos y la vigencia del Estado de derecho en la región.
“Recibo este reconocimiento con profunda gratitud y humildad. Este premio no me pertenece únicamente a mí; pertenece también a mis colegas de Guatemala y Centroamérica que, al igual que este servidor, hoy viven el exilio por haber defendido, sin claudicar, la independencia judicial.
Los tiempos que enfrentamos exigen juezas y jueces férreos, de convicción serena y valentía inquebrantable, con profundo apego a la ley, a la Constitución y al derecho internacional.
Este reconocimiento es también un mensaje para las juezas y jueces del mundo, porque la defensa de una justicia independiente debe ser firme, aguerrida y siempre en estricto respeto del derecho. Mantengamos viva la esperanza; la justicia prevalecerá.”
Este reconocimiento internacional representa, además, un mensaje de solidaridad y respaldo a quienes, desde la judicatura, han debido enfrentar presiones, persecución o exilio por cumplir con su deber de garantizar una justicia imparcial e independiente.
Alemania se ha caracterizado por su solidaridad, especialmente garantizar el principio de la legalidad fundamental en toda democracia. Cuando salí de Guatemala, el primer país en donde estuve fue en Alemania con el auspicio de Pan para el Mundo.
Lo anterior se demuestra con las elecciones de segundo grado que se están realizando en Guatemala al haber visitado el país. Jueces y académicos de Alemania, Suecia, Noruega y Polonia. Miembros de la Unión de Magistrados (UIM), quienes presentarán el 16 de abril, su informe final sobre las observaciones del proceso de Elección de Fiscal General y la situación de independencia judicial.
Este reconocimiento es también un mensaje para las juezas y jueces del mundo, porque la defensa de una justicia independiente debe ser firme, aguerrida y siempre en estricto respeto del derecho. Mantengamos viva la esperanza; ¡!!!!!!! “LA JUSTICIA PREVALECERA.”
MI SINCERO AGRADECIMIENTO.






