Las comunidades Q’eqchi’ de Izabal y Alta Verapaz se enfrentan a menudo a los ofrecimientos de mineras y otras empresas para otorgar permisos en sus territorios para la explotación de sus recursos naturales. Sin embargo, indican que su prioridad ha sido proteger la naturaleza y la Madre Tierra, porque es la que los alimenta.
Por Juan Bautista Xol
“¿Por qué le llamamos Madre a la tierra?, porque es la que nos provee alimentos, agua y frutos de nuestros cultivos, nos cuida como una madre cuida a su hijo”, así se expresaron autoridades indígenas de las comunidades del sector norte de El Estor, Izabal y de las comunidades de la Sierra de las Minas de Panzós, Alta Verapaz, en el Día Internacional de la Madre Tierra.
El 22 de abril, las autoridades indígenas del El Estor recibieron la visita de las autoridades de la Sierra de las Minas de Panzós, para conversar e intercambiar experiencias sobre los problemas que enfrentan al defender sus territorios.
Se conectaron con las energías del día por medio de un pequeño altar que fue acompañado con veladoras, ramos de palmeras y frutas, lo cual fue ofrendado a la madre tierra.
Según las autoridades cada detalle colocado en el altar representa la vida en el planeta.

El encuentro se realizó en El Estor, Izabal. Foto Juan Bautista Xol
En el conversatorio, Magdalena Choc, del sector norte de El Estor, dijo que la importancia de defender la tierra es poder garantizar la vida de sus descendientes y para que los bienes naturales no sean exterminados por las empresas que saquean la riqueza del planeta.
Como mujer dijo que tiene que defender y proteger las montañas que rodean su comunidad, para mantener las áreas verdes que han reservado históricamente sus padres para proteger los ríos que dan vida a sus cultivos.

Con un altar se ofrendó a la Madre Tierra. Foto Juan Bautista Xol
Una de sus preocupaciones que desde febrero de este año han permanecido en asamblea debido a que en su comunidad han estado llegando personas que dicen ser representantes de una empresa minera denominada MayAzul, que les ofrece empleo y supuesto desarrollo a la comunidad si ellos permiten el acceso a las maquinarias para explorar las montañas donde se resguardan ríos, yacimientos y animales.
“Nosotras las mujeres dijimos que no a nuestros esposos, el dinero se consigue trabajando dignamente, pero los bienes naturales no, además somos nosotras las que vemos las necesidades” dijo Choc.
Sufren presiones de mineras
En El Estor, las comunidades tienen que tomar decisiones ante los ofrecimientos de empresas mineras, algunos comunitarios han enfrentado persecuciones por rechazar las ofertas, otros por la presión de las amenazas y de resguardar la integridad de sus familias tienen que migrar a otros municipios, departamentos e incluso a otros países, para buscar una nueva oportunidad de comenzar sus vidas.

En el encuentro participaron autoridades Q’eqchi’ de El Estor y Sierra de las Minas. Foto Juan Bautista Xol
Alejandro Coc, es otro comunitario quien se expresó felicitando a Choc por su valentía de defender la madre tierra, al igual que ella, dijo que en su comunidad Chichipate también de El Estor, los representantes de la empresa minera Mayaniquel ha tenido constantes acercamientos con las autoridades comunitarias, refiriéndose a los Consejos Comunitarios de Desarrollo (COCODES), para que se les facilite la firma y sello de la comunidad y así tener su respaldo.
Aseguró que la comunidad ha estado mejor desde el cierre de las operaciones y que en estos dos últimos años han tenido cosechas regulares a comparación de los años en el que la empresa estuvo operando. El objetivo de los comunitarios ahora es proteger el medio ambiente.

Una mujer Q’eqchi’ comparte experiencias. Foto Juan Bautista Xol
“La tierra es nuestra madre, en ella cultivamos nuestros alimentos no debemos destruirla ni contaminarla”, indicó en su idioma Q’eqchi’.
Mientras que las autoridades indígenas de la Sierra de las Minas de Panzós sufren otro tipo de dificultades. Señalan que a inicios del 2025 la empresa Transportadora de Energía Eléctrica (TRECSA) ha enviado a sus representantes a intentar convencer a tres comunidades, San José Tinajas, Río Chiquito 1 y 2, para que otorguen el permiso de instalar sus bases en las montañas que rodean la comunidad.
Indicaron que sus tierras no son un objeto para negociar y por lo tanto lo defienden desde el tiempo del conflicto armado interno.
“La tierra no es un objeto negociable, es sagrado para nosotros, les dijimos a los representantes de la empresa TRECSA”, comentaron.
Así como estas comunidades y otras cercanas de los territorios de El Estor y Panzós, las juventudes, mujeres y hombres defienden los recursos naturales que aún se conservan.



