Bajo el Trueno: historia viva en el cuarto aniversario del Museo de Nuevo Horizonte

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Créditos: Foto Adelita Figueroa
Tiempo de lectura: 6 minutos

El Museo de la Cooperativa Nuevo Horizonte inauguró la exposición fotográfica “Bajo el Trueno”, un recorrido por la vida en las Comunidades de Población en Resistencia (CPR) en 1992, a través del lente del fotógrafo canadiense John Pinel Donoghue.

La actividad contó con el apoyo de la Universidad William & Mary, del propio fotógrafo John Pinel Donoghue, del sociólogo Sergio Palencia y de la comunidad de Nuevo Horizonte.

Por Adelita Figueroa 

El pasado 25 de febrero, en el municipio de Santa Ana, Petén, el Museo de la Cooperativa Nuevo Horizonte y comunidad, se reunieron para inaugurar la exposición fotográfica Bajo el Trueno: La vida en las CPR del Petén, a través de la lente de John Pinel Donoghue, como parte de la celebración de su cuarto aniversario.

La muestra fue dedicada a Julio Cerén, Axel Ayala y Mynor Ayala, así como a todos los combatientes y milicianos de las FAR de Guatemala, quienes hicieron posible que en 1992 el fotógrafo canadiense llegara hasta los campamentos de las Comunidades de Población en Resistencia (CPR) en la Sierra Lacandón para documentar la vida en resistencia.

La actividad se inició con las palabras del presidente de la cooperativa, Gumercindo Sánchez, quien expresó: “para nosotros es muy trascendental este momento, siéntanse ustedes en casa, para ver ahora las fotografías ya antiguas pero que tienen mucha historia”.

La directora del museo, Adelaida Ramírez Girón, explicó el sentido profundo de la muestra fotográfica: “La exposición que hoy inauguramos nos lleva a 1992, a un tiempo en el que nuestras comunidades vivían resistiendo en medio de circunstancias muy difíciles. Estas fotografías no solo son imágenes del pasado, son testimonios de dignidad, organización y esperanza”. 

Asistentes aprecian las fotografías de la muestra en el Museo Nuevo Horizonte. Foto Adelita Figueroa

Explicó que la construcción de la muestra fue resultado de un proceso de investigación y diálogo con veteranos, milicianos y pobladores que vivieron esa etapa. No quisimos presentar solo imágenes, sino historia viva”, afirmó.

En entrevista, señaló que como Equipo de Investigaciones del MUNH (Museo de Nuevo Horizonte), presentar esta muestra en su cuarto aniversario ha significado reafirmar el compromiso  que tienen con la memoria histórica y con la comunidad, agregando que no se trata solo de celebrar, sino de honrar a quienes resistieron y fortalecieron el sentido de identidad que les sostiene como pueblo organizado.

El contexto de la resistencia

El museógrafo Marlon García Arriaga, integrante del equipo de investigaciones del museo, ofreció una profunda contextualización histórica sobre los años noventa, describiéndolos como un momento de inflexión en la guerra interna guatemalteca.

Explicó que para entonces el conflicto armado llevaba ya tres décadas y que la mayor parte de las víctimas de la política de tierra arrasada habían sido asesinadas en los años más crudos de la represión. En ese escenario, mientras avanzaban complejas negociaciones hacia los Acuerdos de Paz, la existencia de población civil organizada en la montaña representaba un punto incómodo para el Estado.

En la región de la Sierra Lacandón, en el municipio de La Libertad, se habían conformado las llamadas Aldeas de Producción y Defensa, integradas por población civil que buscaba refugio de la persecución militar y que, al mismo tiempo, mantenía vínculos de apoyo logístico con la guerrilla. Estas aldeas no surgieron como asentamientos permanentes, sino como una estrategia organizativa en medio de la guerra, pero terminaron convirtiéndose en espacios donde convivían familias completas, niñas y niños, combatientes heridos y población desplazada.

La muestra retrata la vida de las comunidades en Petén bajo la Operación Trueno que implementó el ejército. Foto Adelita Figueroa

Trueno, con el objetivo de desarticular y eliminar esa base social en la montaña, en un momento en que su existencia comenzaba a tener relevancia incluso en escenarios internacionales. La ofensiva incluyó incursiones desde la frontera con México y provocó muertes, desplazamientos forzados y nuevas rutas de huida, incluso por el río Usumacinta. 

Fue precisamente esa ofensiva la que dio nombre a la exposición. “Operación Trueno… y que por eso esta exposición tiene el nombre de Bajo el Trueno, señaló el museógrafo al explicar que las fotografías retratan la vida cotidiana de las comunidades en medio de esa amenaza constante.

Sin embargo, lejos de desaparecer, la población sobreviviente decidió reorganizarse y asumir públicamente el nombre de Comunidades de Población en Resistencia (CPR), en un movimiento similar al que se daba en Ixcán y la Sierra.

Fue en ese contexto que, en 1992, con el acompañamiento logístico de Julio Cerén, Axel y Mynor Ayala, se gestionó la llegada del fotógrafo canadiense John Pinel Donoghue a los campamentos en la selva petenera. La intención era clara: que el mundo conociera cómo vivía esa población que el discurso oficial pretendía invisibilizar.

El fotógrafo canadiense John Pinel Donoghue documentó la vida de la población bajo el asedio del ejército. Foto Adelita Figueroa

El fotógrafo John Pinel Donoghue, presente en la actividad, agradeció la invitación y recordó su experiencia en 1992: “Gracias a todos aquí. Tengo mucha inspiración de la comunidad del CPR en el 92 y la comunidad aquí en este tiempo. Este es un proyecto muy importante para el pasado y el futuro y esta comunidad es un ejemplo de gente muy fuerte.”

Memoria activa y construcción colectiva

Aunque la reacción de quienes vivieron esa época fue profundamente emotiva, el evento también abrió un espacio concreto para la memoria activa. Se colocó una mesa con hojas y lapiceros donde muchas de las personas que estuvieron presentes en aquellos años pudieron escribir los nombres de compañeros y compañeras que recuerdan.

Varias y varios participantes se reconocieron en las fotografías expuestas, y a través de las imágenes se volvió a nombrar y traer a la memoria a personas que ya no se encuentran físicamente. Este ejercicio no solo fue simbólico y colectivo, sino que también fortalece el trabajo de investigación y preservación de memoria que impulsa el museo, permitiendo incluso registrar nombres que no se tenían documentados en el archivo comunitario. La exposición no solo permitió observar el pasado, sino reencontrarse con él, ampliarlo y seguir construyéndolo desde la participación de la propia comunidad.

Durante la entrevista, Ramírez Girón enfatizó: “La memoria no es pasado solamente; es raíz, es enseñanza y es guía para las nuevas generaciones. Recordar es también defender la verdad y la justicia”.

También expresó que esperan que las y los jóvenes comprendan el valor de la organización, la resistencia y la solidaridad, y que asuman con compromiso la continuidad del proyecto comunitario.

Mantener viva la memoria de las CPR es una responsabilidad histórica y política según la directora del Museo Nuevo Horizonte. Foto Adelita Figueroa

“El museo es un espacio vivo de memoria, encuentro y formación. No solo conserva objetos y fotografías; resguarda historias, testimonios y valores. Es un lugar donde la comunidad se reconoce a sí misma, reafirma su identidad y proyecta su historia hacia el futuro”.

Para la directora del museo, mantener viva la memoria de las Comunidades de Población en Resistencia no es un ejercicio simbólico, sino una responsabilidad histórica y política.

“Para Nuevo Horizonte, mantener viva la memoria de las CPR es fundamental porque estas comunidades fueron sus aliadas y su gran potencial durante su historia de la vida guerrillera, su historia forma parte de la misma experiencia de lucha, dignidad y organización” señaló.

Sus palabras conectan directamente con el espíritu de la exposición: no se trata únicamente de mostrar fotografías antiguas, sino de comprender que la historia de las CPR está entrelazada con el origen y la consolidación de Nuevo Horizonte como comunidad organizada.

De la sala a la fogata

Tras la apertura formal, las y los presentes recorrieron la exposición y posteriormente compartieron en una fogata guerrillera acompañada de café comunitario. También se presentó una muestra fotográfica de la CPR del Ixcán, fortaleciendo los lazos entre comunidades hermanas.

A 34 años del registro fotográfico realizado en la Sierra Lacandón, las imágenes de Bajo el Trueno no solo documentan el pasado: dialogan con el presente.

En un contexto donde la memoria sigue siendo un terreno de disputa, Nuevo Horizonte reafirma que recordar es un acto político y comunitario. La exposición permanecerá abierta al público por varias semanas más y el equipo del museo espera que escuelas, comunidades hermanas y personas de los distintos territorios de Guatemala puedan acercarse a presenciar la exposición, para conocer de cerca esta parte de la historia y fortalecer los procesos de memoria y reflexión colectiva.

Reportaje en Telesur

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