Con una caravana, amigos y familiares del migrante maya Q’anjob’al, Francisco Gaspar Cristóbal Andrés, acompañaron su ataúd, el día que su cuerpo fue repatriado a Guatemala. En su casa, que logró construir con esfuerzo mientras estuvo en Estados Unidos, fue velado y recibió un homenaje especial de parte de sus hermanos.
Por Lencho Pez
Francisco Gaspar Cristóbal Andrés, un migrante originario de Santa Eulalia, Huehuetenango quien falleció bajo la custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) fue repatriado y enterrado en su pueblo, luego de que la familia se movilizara para traer su cuerpo a Guatemala.
Cristóbal Andrés falleció el 3 de diciembre cuando estaba bajo la custodia de autoridades estadounidenses, tras sufrir complicaciones de salud. Su cuerpo fue trasladado a Guatemala el 28 de diciembre y el 29 de ese mismo mes fue llevado a su tierra natal, Santa Eulalia.
Desde distintos puntos, una larga fila de vehículos salió a su encuentro, formando una caravana que acompañó su retorno al lugar que lo vio nacer y crecer.
Francisco regreso a la casa que logró construir durante su estancia en Estados Unidos. Vecinos y familiares lo recibieron con humo de incienso y coloridos pétalos de flores, que fueron esparcidos sobre el féretro como un acto simbólico de bienvenida a una persona que dio su vida por lograr un sueño, para el bien de su familia.
Al ingresar el cuerpo a su hogar, sus hermanos le rindieron un homenaje especial a través de un canto compuesto por autores Q’anjob’al, el cual narraba los distintos episodios de su vida, desde que salió de la tierra que lo vio nacer y crecer, hasta cuando falleció.

Durante el velorio se realizaron oraciones, cantos y alabanzas, acompañados por un coro de la iglesia de la comunidad San Martín de Porres a la que perteneció Cristóbal, en un ambiente de recogimiento y respeto.
El día 30 de diciembre se llevó a cabo la sepultura. Nuevamente, el féretro fue acompañado por una caravana de vehículos, pese a las difíciles condiciones climáticas provocadas por una fuerte tormenta. Finalmente, el cuerpo fue trasladado al cementerio general, donde ahora descansan sus restos mortales.
Muere bajo custodia de autoridades migratorias
Cristóbal Andrés fue detenido en el estado de Florida por agentes de migración el 1 de septiembre de 2025, en la celebración del Día del Trabajo en ese país, cuando junto a su esposa Lucía Pedro Juan fueron a realizar compras en una tienda en horas de la mañana.
Horas después de su detención fue trasladado a un centro de detención en El Paso Texas. Durante su permanencia en dicho lugar, según personas que pidieron no ser citadas, tanto él como su esposa sufrieron tratos inhumanos y condiciones extremas.
Después de la difícil situación a la que fueron sometidos, una de sus hijas fungió como intermediaria en la comunicación entre ellos y las autoridades migratorias.
De acuerdo con la información disponible, Francisco comenzó a presentar quebrantos de salud mientras se encontraba bajo vigilancia. Aunque solicitó atención médica las autoridades migratorias negaron su petición y no le dieron importancia a su estado de salud.

No fue hasta el 16 de noviembre, cuando su condición ya era grave, que fue trasladado a un hospital. El 18 de noviembre, la familia fue informada de que había sufrido un paro cardiaco y que se encontraba en estado de coma.
Posteriormente, entre el 26 y 27 de noviembre, las autoridades les comunicaron que le habían retirado el tubo de oxígeno y que no podía hablar, argumentando que tenía la boca reseca y carecía de fuerza. También les informaron que había sido trasladado a otra habitación dentro del hospital.
Por su parte, Lucía Pedro Juan, esposa de Francisco, fue deportada el 28 de noviembre, aun cuando ya había sido informada de la delicada condición de salud de su esposo. Antes de su deportación, solicito autorización para visitarlo en el hospital, sin embargo, las autoridades migratorias le negaron este derecho, lo que la familia califica como un trato inhumano.
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Según la información recibida por la familia, desde su ingreso al hospital hasta el momento en que le retiraron el tubo de oxígeno, no se le habría proporcionado alimentación. Ante esta situación sospechan que el fallecimiento podría estar vinculado a un cuadro de desnutrición severa, aunque no existe información oficial que lo confirme.
ICE informó en un comunicado que “aunque se desconoce la causa, el personal médico la atribuyó a una insuficiencia hepática y renal natural”.
Una difícil repatriación
El 3 de diciembre de 2025, Lucía fue informada del fallecimiento de su esposo. Las autoridades le indicaron que debía retirar el cuerpo, advirtiéndole que, de no hacerlo, podría ser calcinado o repatriado hasta los meses de marzo o abril de 2026.
Esta situación generó una profunda preocupación en su familia ya que para la repatriación del cuerpo se estimaba un costo superior a los siete mil dólares, una cantidad imposible de cubrir.
La familia solicitó apoyo al Consejo Nacional de Atención al Migrante de Guatemala (CONAMIGUA), sin embargo, la respuesta fue negativa ya que señalaron que no existían fondos disponibles y que, de brindarse ayuda, podría tardar varios meses, lo cual no representaba una solución inmediata ni una esperanza para los dolientes.
Frente a la urgencia, los familiares se movilizaron, lograron obtener un préstamo y, con el apoyo solidario de vecinos, amigos y familiares, consiguieron reunir los recursos necesarios para proceder con la repatriación de su ser querido y su entierro en Santa Eulalia.
El día del entierro, en la entrada de la capilla del cementerio reposó el cuerpo de la víctima, mientras el Comité de Caridad Funeral, encargado de coordinar toda la logística durante la estadía de un difunto hasta su entierro, rindió su informe.
Lucía Pedro Juan, esposa del fallecido, junto a sus padres y hermanos, expresó su agradecimiento por las muestras de condolencias y solidaridad recibidas, tanto a nivel personal como institucional, desde el momento en que se conoció el deceso de Francisco hasta que fue sepultado.



