“Una candela por las ánimas benditas” se escucha al unísono en las calles de la villa de Salcajá, Quetzaltenango, cada noche del 1 de noviembre. Cientos de personas de todas las edades recorren las calles pidiendo candelas para ir a dejarlas al cementerio general de esta localidad.
Antes, según la historia, las calaveras eran colocadas sobre las viviendas para guiar a sus seres queridos a encontrar su hogar donde lo esperaban sus familiares.
Por: Prensa Comunitaria
La tarde del 1 de noviembre Edilzar Estrada de 53 años junto a su nieto Jason Humberto de Jesús, de siete, preparan su cuchillo y su tabla para empezar a cortar y decorar el ayote con la que van a elaborar su “calavera”. Luego la llevan al cementerio general de la Villa de Salcajá para sus seres queridos. Desde muy temprano Edilzar fue a cosechar el ayote en una parcela que tiene para poder abastecer a los integrantes de su familia con una calabaza.
Algunos vecinos llaman a Estrada para preguntarle si este año también regalará ayotes como lo ha hecho en otras ocasiones; otras personas llegan a tocar la puerta para preguntar si ellos también podrán elaborar su “calavera”.
Lamentándose, Estrada señala que este año no hubo una buena cosecha de ayotes y no podrá abastecer a sus vecinos. “Este año, no crecieron los ayotes y no regalaré como lo hago año con año, siempre me pongo frente a la municipalidad para poder regalar y a veces ayudo a los niños a decorar”, cuenta.
Estrada retoma junto a su nieto la elaboración de la “calavera”. Jason pese a su corta edad, sabe manipular el cuchillo. El abuelo explica que desde hace tres años, es decir cuando Jason tenía cuatro, empezó a enseñarle cómo manipular los instrumentos para elaborar su propia “calavera”, replicando lo que le enseñó su papá hace años.

Una tradición que aprendió de su papá
El papá de Estrada, Jesus Estrada, quien murió hace 12 años, fue quién les enseñó desde pequeños esta tradición, “Sino continuáramos la tradición de los abuelos, esto sería olvidado y sería reemplazado con todo lo plástico que mandan de Estados Unidos, también elaboro para los niños que me lo piden, queremos que esto no se pierda, que los papás ayuden a comprar o a ir a buscar los ayotes para que los niños aprendan y esto continúe”, refiere Edilzar.
Paso a paso avanza junto a su nieto la elaboración de la “calavera”, primero corta la parte superior del ayote para quitarle todas las semillas y la carnaza. Posteriormente le cortan otros pedacitos para elaborar los ojos, la nariz y la boca.
A partir de este momento, sale a relucir la creatividad de cada uno para la elaboración de la calabaza. Jason le coloca papel de china para cubrir los ojos y la boca. Tras aproximadamente 30 minutos, concluyen la elaboración de la “calavera” que llevarán en horas de la noche al cementerio.

Al concluir la elaboración de su “calavera” la esposa de Estrada, Norma de León, prepara el postre tradicional para esta época, “Jucum en dulce o Cabecera” un platillo ancestral que tiene como base el ayote con camote y elote con panela. Estrada junto a su familia degusta este platillo especial previo a dirigirse al cementerio general.
El recorrido hacía el cementerio
Cuando transcurren unos minutos después de las 18:00 horas las familias en este municipio ubicado a 188 kilómetros de la ciudad capital y de aproximadamente de unos 22 mil habitantes se alistan para recorrer las principales calles solicitando una candela para las ánimas benditas.
Niños, mujeres y ancianos se reúnen en el punto principal de encuentro, en el barrio El Carmen de la zona 4. En este lugar, una vez caída la noche, los vecinos, los vendedores o propietarios de negocio o los que tienen sus casas a orilla de calle preparan sus candelas para regalar.
Iris Rodas indica que esta tradición viene desde hace varios años y toda su familia se prepara comprando candelas para los niños y todo aquel que pase por las calles con sus “calaveras”.
“Se ha querido cambiar, candelas por dulces pero los niños prefieren candelas. Luego estas candelitas que ellos acumulan lo llevan al cementerio a dejarlo a sus seres queridos. Yo no tengo ni tienda ni nada pero mis abuelos tenían esta tradición y yo continúo con esto porque es una verdadera fiesta para el municipio de Salcajá”, dice Rodas.

Durante esta temporada, las calles de Salcajá se llenan de visitantes y turistas que llegan desde diversos puntos del país para conocer sobre esta tradición. Rodas asegura que para esta época cada integrante de su familia invierte aproximadamente Q70 en candelas para regalar a los niños.
Así las personas van solicitando en los comercios y calles una candela por las ánimas benditas para luego ir a depositarlo al cementerio general, donde la noche del 1 de noviembre se llena de personas hasta la madrugada del 2 de noviembre, el día de los Fieles Difuntos.

En el cementerio se puede observar que la gente deposita todo lo recolectado durante su camino, como candelas, dulces y otro tipo de productos. Los que más se afanan para la elaboración de sus calaveras son los niños, incluso en el parque central San Luis hay música en vivo y se realiza un concurso de la mejor calabaza para fomentar esta tradición entre los pobladores, resaltaron las autoridades.
Tradición desde la época colonial que ha cambiado pero persiste
Edwin de León, historiador de Salcajá, señala que esta tradición se originó en la época colonial en Salcajá y explicó que surgió de los relatos orales que cuentan que durante 24 horas los espíritus de los fallecidos salen para estas fechas.
Asegura que esta tradición tiene muchos años y pese a qué ha cambiado, persiste. De León cuenta que anteriormente, aproximadamente unos 50 años, las personas elaboraban sus “calaveras” con ayote con una vela adentro. Esta elaboración la colocaban en el techo de las casas o en las ventas junto con un vaso de agua para los seres queridos.
“La candela servía como guía para nuestros seres queridos que se han ido de este mundo. a partir del 31 encendían una vela dentro de las calaveras, porque la luz era la que los atraía a las almas de los familiares y siempre les dejaban un vaso de agua porque creían que tras el recorrido que realizaban, ellos tenían sed y era necesario dejarles un vaso de agua”, cuenta de León.

El historiador resalta que la tradición fue creciendo y que en la iglesia San Luis ubicada en el centro de la población había un mural grande donde estaba pintado el purgatorio, “se miraba un cuadro que representaba la Divinidad, a Dios y la parte de abajo donde estaban las almas sufriendo en las llamas, la gente para guiar a estas almas iba a depositar las calaveras con la candela pero luego se generó un problema por la cera y se decidió pasar esta tradición a la capilla del cementerio pero generaba los mismos problemas, es allí cuando nació la idea de depositar las calaveras y las candelas recolectadas para las ánimas en cada panteón o nicho”, detalla De León.
La tradición ha ido cambiando según el historiador, pero también el relato para solicitar la candela, porque antes lo hacían como un tipo de amenaza, “Ánimas benditas, del cielo venimos, una candelita a ti te pedimos, si tu me la niegas me dejas con llanto, entonces yo te apunto para el camposanto, decían antes, entonces ante tal amenaza debían dar candelas”, cuenta De León.

Este evento ya es una tradición en el municipio de Salcajá. Según el historiador ha sido nombrada de diversas maneras pero es más conocida como “La noche de las Calaveras”. “Entre más candelas consiga cada persona es mejor para su familiar porque estará más iluminado su camino”, puntualiza León.
El reloj marcaba a las 19:00 horas del 1 de noviembre del 2025, cuando Estrada junto nietos y esposa emprenden su camino desde el sector denominado El Caracol, del barrio El Carmen de la zona 4 pasando por el parque San Luis rumbo al cementerio general ubicado en la zona 2 de Salcajá, en dirección al panteón de sus seres queridos donde dejaron depositada su calavera para iluminar su recorrido del más allá a este mundo.
El recorrido les lleva aproximadamente dos horas, mientras disfrutan observando los diversos diseños de las calaveras de los vecinos, se toman fotos y saludan sus amigos y vecinos, al tiempo que recogen las candelas que dejarán sobre los panteones iluminados el cementerio.
Esta actividad se ha convertido en una verdadera fiesta para los vecinos, se escucha música, se observan ventas de comidas y las calles de Salcajá se cierran desde tempranas horas para dar paso a esta actividad. También se va innovando esta tradición, porque algunas personas compran las calabazas y otros aprovechan esta época para la venta de estos productos.



