Por Lencho Pez
El Día de los Santos es una de las celebraciones de fin de año más icónicas de Santa Eulalia, Huehuetenango, ya que viene cargada de muchas tradiciones de la cultura comunitaria. Es un momento del contacto espiritual con los seres queridos que ya partieron a otra dimensión. Además, es uno de los elementos que figuran en la cosmovisión maya Q’anjob’al.
Esta fecha está plasmada en la temporada del otoño; es época de cosecha del maíz, del chilacayote, del frijol de mata, del güisquil y de otras plantas que acompañan la siembra de la milpa en clima frío.
Dos o tres semanas antes, la comunidad acude a los cementerios a limpiar las tumbas, a pintar los panteones o a remodelarlos para tenerlos listos para la fecha indicada.
A esta actividad se le denomina “Tosanto” (una contracción del Día de los Santos que los abuelos no podían pronunciar), así lo nombraban desde que tomó auge dentro de la vida del pueblo, después de la introducción del catolicismo en el territorio.
Anteriormente, los abuelos lo celebraban en grande. Antes del conflicto armado, durante la noche del 31 de octubre, las familias se reunían en la que fue la casa de los extintos abuelos, que en idioma Q’anjob’al se dice “Na ichmamej”, que literalmente significa “la casa de los ancestros”.
Se hace así porque se reconoce que en esa casa nacieron todos los hijos e hijas, así como algunos nietos. Aunque en la actualidad cada quien vive aparte esta sigue siendo una celebración colectiva.
Esperando a los invitados de honor
Los hombres van al bosque a juntar hojas de pino y consiguen varas de un arbusto llamado Kaqk’ixin, ya que esta planta crece recta y suave, lo cual permite doblarla y formar con ella arcos para el altar. Le colocan flores de hortensia y flor de muerto, combinadas con ramas de pino o ciprés, las más alusivas para esta celebración.
Derraman hojas de pino frente al altar y en todo el espacio colocan las sillas o bancas lo cual hace que se sienta el aroma de las hojas y flores. El o la mayor de los hermanos se encarga de encender el incienso y saturar todas las instalaciones de la casa, con el objetivo de tenerla bien preparada para cuando lleguen los invitados de honor: los abuelos.

Mientras tanto, las mujeres cocinan los chilacayotes y ayotes mezclados con granos de elotes, y también enteros para la refacción. También se acostumbra comer güisquiles con café bien caliente y cargado, endulzado con panela artesanal, mientras otras mujeres preparan la cena que se consumirá junto con los abuelos.
El ritual del K’aj Ak’atx
Existe una comida ceremonial que se prepara con carne de chompipe, que se llama “K’aj Ak’atx”. Sus ingredientes son harina de trigo dorado acompañada de verdura fresca, y solo quienes tienen buenas posiciones económicas la consumen, debido al alto costo del ave. No obstante, se sustituye por otros platillos como carne de borrego o gallina criolla.

Se reúnen todos los asistentes y, con toda reverencia se sirven y se da inicio a la cena junto a los abuelitos y abuelitas. Cuando ya están reunidos, en algunos casos, previo a iniciar la cena se sirve una copita de aguardiente artesanal conocido como Kuxha.
La Kuxha que se ofrece es a la salud de los abuelos que están de visita. Algunos entablan platicas, cuentan chistes o recuerdan historias y vivencias de los viejitos en vida.
Terminada la cena, algunos se reúnen en oración y les rinden homenaje con la convicción de que los ancestros están presentes y conviven el momento con la familia. Aunque actualmente la mayoría de la población se ha convertido al cristianismo y ha eliminado algunas de estas tradiciones, muchas de ellas han sido elementos vitales de una espiritualidad que fortaleció la fe de los ancestros.
Finalizada la cena, se da inicio al baile. Invitan al grupo de violinistas más prestigioso del momento o a un conjunto de marimbistas. Al ritmo de sones que tocan los sentimientos, danzan en parejas, hombre con hombre, mujer con mujer o solos, porque para ellos se trata de disfrutar las melodías, imaginando que bailan con las abuelas o los abuelos, quienes en vida no dejaban pasar una sola pieza.
Si bien esta costumbre está desapareciendo, las familias sí realizan una cena especial, como el caso de Dominga Lucas quien preparó la cena el 31 de octubre, para invitar a sus familiares. Sin embargo, el plato que cocinó fue un caldo de gallina criolla y no el K’aj Ak’atx.
La visita a los cementerios
El primero de noviembre las familias salen de su casa de madrugada. Llegan desde sus aldeas hasta el centro de Santa Eulalia llevando sobre la espalda hojas de pino, flores, varas y todo lo necesario para los arreglos florales para adornar sus nichos. Tienen que caminar varios kilómetros para llegar al cementerio general. Las mujeres llevan el desayuno, ya que se debe colocar comida sobre la tumba de los muertos y todo lo que la noche anterior se consumió en casa.

Desde la calle principal hasta la puerta de entrada del Cementerio todo el espacio esta abarrotado por la venta de flores, hojas de pino, musgos, hojas de palma, varillas, candelas y juegos pirotécnicos. Quienes no llevan lo suyo compran ahí mismo para abastecerse. Luego adornan las tumbas con los detalles necesarios.
El diálogo con los abuelos
Al terminar de adornar, de acuerdo con la cosmovisión maya, se sientan a dialogar con los abuelos, pues esa es la esencia de la visita. Muchos padres explican a sus hijos que deben guardar respeto y no traspasar las tumbas de los muertos. Las mujeres sirven el desayuno para los abuelos, y luego a familia que está de visita. Algunos rocían aguardiente sobre las tumbas y luego lo comparten con los presentes, pues se trata de un convivio con los seres queridos que ya fallecieron.
Se reconoce que ellos son los mayores, por lo que se sigue las normas de cada familia, tal como fueron instruidos y formados por sus ancestros.
Finalizado el desayuno, algunos queman bombas y cohetes; otros buscan grupos de violinistas expertos en música ancestral, conjuntos de marimba o mariachis para rendir homenaje al papá, mamá, hermano o cualquier familiar fallecido. Les dedican la melodía favorita de aquellos tiempos en que bailaban en las fiestas.
El dos de noviembre por la mañana, la Iglesia católica celebra una misa en el interior del cementerio en memoria de los ancestros que descansan ahí. A este día le llaman “Chi txajlaykantoq”, que significa que todos acuden sobre las tumbas nuevamente, para oficiar una oración solemne de despedida y pedir a los abuelos y abuelas que acompañen y protejan el caminar de la vida.
Durante los dos días, en la capilla de la entrada del cementerio, la municipalidad patrocina la música con diferentes conjuntos de marimba, que interpretan sones antiguos y con la forma en que se ejecutaban en esos tiempos.
Una celebración de varios días
La celebración del día de los Santos en Santa Eulalia se ha extendido, pues desde el 29 de octubre hasta el 2 de noviembre, muchas familias, incluso provenientes de otros municipios, llegan a limpiar las tumbas de sus seres queridos durante estos días. Los comerciantes instalan sus puestos y abren sus negocios aprovechando el movimiento que se genera en el cementerio.
Algunos de los grupos musicales llegan de distintos lugares sabiendo que en estas fechas el ambiente se llena de visitantes y aprovechan que los locales aun no salen en estos días. La tradición y convivencia comunitaria ya se siente.

En este municipio, anteriormente se utilizaban adornos de plástico, duroport y otros materiales desechables que causaban contaminación ambiental. Sin embargo, la corporación municipal pasada eliminó el uso de ese tipo de materiales a cambio de adornos naturales, acuerdo que la población acató con entusiasmo.
Después de la adopción de esta norma, el cementerio presenta un panorama diferente, con colores puros de la madre naturaleza, lo cual además ha sido una estrategia para generar ingresos en la economía local.
Don Pedro Toledo, uno de los pobladores dijo en entrevista que antes nuestros abuelos nos enseñaban que las almas nos visitan durante 40 días. Es en este tiempo cuando compartimos con ellos lo que más les gustaba en vida: comida tradicional, frutas, agua, y todo aquello que disfrutaban. Se dice que en estos días ellos están con nosotros, acompañándonos.
Para él, lo que más le gusta de esta época “es que siente que el tiempo se alarga un poco más…ya llevamos una semana compartiendo esta conexión entre los vivos y los que ya partieron”, indicó.



