Entre leña, canela y recuerdos, desde el 31 de octubre las familias jutiapanecas encienden sus hornos de barro para preparar pan de leche y quesadillas, que comparten durante las celebraciones del Día de Todos los Santos y el Día de los Fieles Difuntos, el uno y dos de noviembre. Esta preparación reúne a las familias alrededor de la mesa y mantiene presente el recuerdo de quienes ya no están.
Por Fátima García
Hacia el oriente del país, en El Pajonal, una comunidad ubicada en Jalpatagua, municipio de Jutiapa, Amalia García, una joven de 28 años, madruga el 31 de octubre porque se acercan días especiales. Amalia y su familia se preparan para una jornada especial, van a elaborar pan de leche y quesadillas para compartir durante las celebraciones del Día de Todos los Santos y del Día de los Fieles Difuntos.
El olor de la leche, la canela y la vainilla comienza a mezclarse con el humo de la leña que arde en el horno de barro. Alrededor de la preparación no faltan las risas, las conversaciones y la expectativa por ver cómo quedará el pan. Para Amalia esta actividad representa mucho más que preparar un alimento; significa reencontrarse con los recuerdos de su abuela.
La receta del pan de leche llegó a sus manos a través de su abuela materna, Florinda Medrano, fallecida el 2 de marzo de 2025 a sus 68 años, quien a su vez, aprendió a elaborarlo de su mamá, la bisabuela Marcelina Castillo, conocida como Chelina, quien falleció también a sus 68 en 1991. Amalia recuerda que aprendió observando y ayudando a su abuela durante las jornadas de horneado. Doña Florinda Medrano era una mujer tranquila, paciente y apasionada por la preparación del pan.
#DiadelosDifuntos🕯️ En Jutiapa, el horno de leña se enciende para preparar quesadillas de arroz.
— Prensa Comunitaria Km169 (@PrensaComunitar) November 1, 2026
Un pan elaborado para compartir en familia y recordar con cariño a quienes ya partieron🧡
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Mientras trabaja la mezcla, Amalia nos comparte una de las enseñanzas que recibió de ella: “Así me decía mamita, que le diera fuerte y rápido para que la mezcla crezca”. La técnica consiste en golpear la masa con palmadas fuertes y constantes hasta conseguir la consistencia adecuada. Para Amalia, ese movimiento no es solamente parte de la preparación, sino una enseñanza que conserva en sus manos y que le permite recordar quién se la transmitió.

Una receta que se aprende con las manos
Para preparar cinco libras de harina se utilizan cinco tazas de leche, cinco huevos, cinco barras de margarina y dos cucharadas y media de Royal o polvo para hornear. El azúcar se agrega al gusto y la leche se cocina previamente con canela para darle sabor y aroma a la preparación. La harina se coloca en un recipiente, formando un círculo y dejando un espacio en el centro donde se incorporan los demás ingredientes; después se mezcla todo hasta conseguir una masa uniforme. Si queda demasiado dura, se agrega un poco de agua de canela para suavizarla, con esta mezcla alcanza para realizar ocho cazuelejas de pan de leche.
La preparación se coloca en cazuelejas previamente engrasadas con margarina y se deja reposar entre 15 y 20 minutos antes de hornear. Pero el trabajo comienza incluso antes de tener lista la masa. El horno de barro, que una vecina les presta sin cobrarles por su uso, debe prepararse con anticipación. Para ello utilizan aproximadamente diez leños de encino, colocados en forma de triángulo en el centro del horno para facilitar que el fuego arda. Cuando la leña se convierte en brasas y bota ceniza, estas se distribuyen por el interior del horno y posteriormente se recogen hacia un costado del horno llamado tronera.


La limpieza se realiza con una especie de escoba elaborada con ramas y hojas verdes de güiligüiste o suquinay. El siguiente paso es la prueba de la tusa. Con ayuda de una pala se coloca una tusa en el centro y otra en la parte de arriba del horno. Si la tusa se quema, significa que el horno está demasiado caliente; si solamente se dora, significa que está en su punto para recibir el pan. El tiempo aproximado de cocción es de 20 minutos, aunque es necesario observar constantemente la coloración hasta que el pan esté completamente cocido y con su color dorado.

Los secretos y las creencias alrededor del horno
Como sucede con muchas preparaciones tradicionales, el pan de leche también tiene sus secretos. Amalia explica que, cuando el horno está demasiado caliente, se puede introducir una pequeña olla con agua fría para ayudar a disminuir la temperatura. También explica que el pan es sensible a las condiciones del ambiente y al estado de ánimo de quien lo prepara. Cuando hay sol, comenta que crece más rápido porque el calor ayuda durante el proceso. Incluso indica que las emociones pueden influir en el resultado porque “si hay tristeza o preocupación en quien hornea, eso se refleja en el pan y no crece”.

También recuerda una creencia que acompaña la elaboración artesanal del pan durante años: el llamado ‘mal de ojo’. Según esta creencia, cuando una persona llega inesperadamente mientras se hornea, especialmente si viene sudando o de mal humor, el pan puede dejar de crecer, bajarse y quedar aplastado dentro del molde y es la señal de que algo salió mal. Se trata de una creencia transmitida de generación en generación, ya que de alguna u otra forma la han vivido, tienen sus anécdotas y experiencias rodeando esta práctica familiar.
Otra historia que Amalia recuerda con cariño es la ocasión en que su abuela Florinda preparó la masa junto con una de sus hijas y olvidaron agregar el Royal. El resultado fue un pan que no creció, quedó aplastado y duro. A pesar de ello, se lo comieron porque, aunque no había salido como esperaban, su sabor seguía siendo delicioso. Entre recuerdos y anécdotas, el horno se convierte en un espacio de convivencia donde la familia comparte conocimientos, experiencias y momentos que permanecen en la memoria.

Una tradición que busca llegar a nuevas generaciones
La preparación del pan de leche no es una costumbre que todas las familias de la comunidad practican, pero todavía existen hogares que mantienen viva esta receta, especialmente durante las celebraciones de noviembre. Aunque el pan de quesadilla es uno de los más cotizados y vendidos en estas fechas, el pan de leche se prepara principalmente para el consumo familiar y para compartir con vecinos.
La mamá de Amalia también conserva los conocimientos de esta receta. Su hermanita, Ailyn García, de 11 años, ya muestra interés por participar y aprender el procedimiento, lo que representa una oportunidad para que la tradición continúe. Ailyn manifiesta que preparar pan de leche fue una experiencia nueva. Aunque ya había probado este pan elaborado por su abuelita Florinda, nunca había participado en su elaboración ni conocía de cerca el procedimiento. Al preguntarle cómo se sintió al hacerlo, respondió “me pareció calidad pues pude conocer por primera vez cómo se prepara el pan de leche que antes solo había probado”.
Los utensilios utilizados también guardan parte de esta historia. Entre ellos se encuentran cazuelejas que pertenecieron a su abuela y que tienen unos 30 años de antigüedad; otras se han adquirido con el paso del tiempo, pero todas siguen cumpliendo la misma función, preparar el pan que reúne a la familia.
Hacer pan de leche no es caro, asegura Amalia. La harina cuesta alrededor de Q5.00 la libra; cada vaso de leche, unos Q1.50; dos libras de azúcar rondan los Q12.00; las dos barras de canela cuestan aproximadamente Q6.00; la margarina entre Q10.00 y Q15.00, y el polvo para hornear unos Q5.00.

Noviembre de recordar, visitar y compartir
En la comunidad, las celebraciones del uno y dos de noviembre también están marcadas por las visitas a los cementerios. Algunas familias acuden el primer día para llevar flores naturales, flores artificiales de nylon y arreglos florales a las tumbas de sus seres queridos. Otras prefieren visitar el cementerio el dos de noviembre, cuando hay mayor movimiento de personas, ventas de comida y diferentes actividades.
En estas fechas, además del pan de leche y las quesadillas, los tamales forman parte de los alimentos que se disfrutan en familia. La preparación y el consumo de estos platillos permiten compartir con vecinos y mantener las costumbres que forman parte de la vida comunitaria. El momento de preparar los platillos ofrece un vínculo con sus ancestras. La abuela de Amalia estaba así presente en el olor de la mezcla y el sabor del pan recién salido del horno. Era el mismo aroma y sabor que ella había aprendido a reconocer mientras la ayudaba a hornear.

La nostalgia se mezcló con la alegría de comprobar que la antigua receta está viva, no se ha perdido. El pan está listo para recordar y compartir. Amalia considera que su abuela estaría feliz de saber que sus enseñanzas continúan presentes y que las cosas que preparaba con tanto cariño no han dejado de hacerse. Aunque Florinda ya no esté físicamente, su recuerdo permanece en cada ingrediente, en cada movimiento de las manos y en cada pan que sale del horno. Para Amalia, mantener viva esta tradición es también una manera de honrarla y de asegurar que las próximas generaciones conozcan una parte de la historia de su familia.



