En medio del colorido de la procesión de las plumas, el sonido ceremonial y la espiritualidad ancestral, la cofradía de Patzún preserva una de las tradiciones más místicas de su feria titular en honor a San Bernardino de Siena. La procesión de plumas, más allá de ser una manifestación cultural y religiosa, representa la conexión entre la cosmovisión maya y las constelaciones del universo, resguardando conocimientos heredados de generación en generación. Cada recorrido ceremonial evoca el vínculo entre el ser humano, la naturaleza y el cosmos, manteniendo viva una práctica que da identidad y memoria espiritual al pueblo patzunero.
Por Joel Solano
Este 24 de mayo, las calles de Patzún se llenaron de espiritualidad, color y simbolismo ancestral con la tradicional procesión de plumas organizada por la cofradía en honor a San Bernardino de Siena, como parte de las actividades de la feria patronal. Adornados con plumas y elementos ceremoniales que representan las constelaciones del universo y la cosmovisión maya, los participantes recorrieron el municipio preservando una tradición que mezcla fe, memoria ancestral y misticismo. La procesión, considerada una de las expresiones culturales más significativas de la localidad, reafirma el compromiso de las cofradías por mantener vivas las prácticas heredadas por sus antepasados y transmitirlas a las nuevas generaciones.
La procesión de plumas de Patzún también fue acompañada por el baile de toritos, una expresión cultural protagonizada por los moros, quienes con sus coloridos trajes, máscaras y movimientos llenos de energía recorrieron las calles al ritmo de la marimba. Esta representación, que forma parte de las costumbres populares de la feria patronal, se unió al recorrido ceremonial para mantener viva una de las manifestaciones más emblemáticas de identidad y tradición del municipio.


Foto: Joel Solano
Cofradía de Patzún, 27 años de resistencia
El rescate de la identidad cultural en Patzún descansa sobre los hombros de sus líderes comunitarios. Mientras Felipe Sanic de la Cofradía Ancestral de San Bernardino de Siena, coordina el recorrido del cortejo, señala que la cofradía suma ya 27 años de resistencia continua para evitar la desaparición de sus manifestaciones identitarias.
Según Sanic, el patrimonio local se enfrenta a un doble desafío: por un lado, la falta de políticas institucionales en Guatemala que prioricen el resguardo de estas prácticas y, por el otro, el progresivo desinterés de las niñeces y juventudes. Ante este panorama, la cofradía asume la tarea de transmitir los saberes de los abuelos, concentrando sus esfuerzos en las festividades de mayo.
El 18 de mayo se inician las festividades en honor a San Venancio. El 19 de mayo, se realiza el cortejo de San Pascual Bailón, imagen que acompaña el cierre de las actividades. El 20 de mayo, se conmemora el día principal en honor a San Bernardino de Siena, recordando su vida, obra y legado espiritual.
Aunque los registros locales no precisan el año exacto del arribo de estas imágenes sagradas a Patzún, la comunidad las ha cobijado como un elemento central de su espiritualidad. Esta herencia se complementa con la participación del Baile del Torito, una danza de origen hispánico ejecutada por tres agrupaciones locales que acompañan el recorrido procesional, consolidándose como uno de los pilares de preservación histórica que la cofradía busca mantener vigentes.


El Kot y las plumas: El simbolismo ancestral en las andas de Patzún
El simbolismo y la memoria colectiva impregnan cada elemento de las andas procesionales en Patzún. Las imágenes sagradas, resguardadas tradicionalmente bajo estructuras decoradas con plumas, son acompañadas por figuras de ángeles y por la representación del Kot, una criatura mítica que, según los relatos de los antepasados, habitó la región en la época de los abuelos. Aunque este animal ya no existe, la comunidad mantiene viva su memoria integrándolo en los adornos como un testimonio visual de la historia local.
Para los cofrades, según Felipe los elementos no son meros adornos; portan en sí mismos una narrativa del amor divino manifestado hacia San Bernardino de Siena. Así, aunque San Venancio, San Pascual Bailón y San Bernardino comparten el mismo significado espiritual y devocional dentro de la comunidad, cada uno mantiene su propia identidad a través de celebraciones individuales en fechas distintas.
Detrás de la vistosidad de los cortejos procesionales se esconde un arduo trabajo comunitario que sostiene la tradición. La elaboración de los arreglos no es una tarea individual; descansa en la fe de personas de buena voluntad que aún creen en la preservación de su legado. Cada año, el proceso inicia formalmente el 1 de mayo con la preparación de la estructura de plumas (conocida localmente como “la plomera”), una labor minuciosa que se extiende durante dos días y que convoca la participación de entre 30 y 40 devotos del santo patrón. Debido a que este armazón debe ensamblarse y desmontarse de forma anual, el esfuerzo logístico requiere del respaldo constante de las familias locales, a quienes la cofradía expresa su profundo agradecimiento.
Sin embargo, el misticismo que rodea esta labor también convive con la incertidumbre. Entre los organizadores existe el temor latente de que las nuevas generaciones pierdan su identidad cultural con el paso del tiempo. Para los portadores de esta herencia, las costumbres van más allá de lo puramente visual o folclórico: defienden que no puede existir una verdadera tradición si no se aborda desde una dimensión espiritual profunda, entendiéndola como un estilo de vida donde lo sagrado y lo cotidiano se entrelazan de manera inseparable.
La fe que desafía a la sequía
El fervor de la comunidad de Patzún hacia San Bernardino de Siena trasciende la devoción religiosa; se basa en testimonios y hechos históricos que los habitantes guardan en su memoria colectiva. Los cofrades relatan con asombro cómo, en momentos críticos de sequía durante el mes de junio, cuando la falta de lluvias amenazaba con arruinar el ciclo agrícola, la fe del pueblo intervino. Al sacar la imagen del santo patrón en procesión rogativa, la lluvia comenzó a caer justo antes de que el cortejo retornara al templo. Para los devotos, este hecho no representa un acto de magia, sino la manifestación de la fe comunitaria a través de la intercesión de su patrono ante Dios.
La presencia protectora de las imágenes sagradas también está ligada a las grandes catástrofes del país. Durante el histórico terremoto que sacudió a la región, los relatos locales destacan la salvaguarda de San Bernardino junto a Santiago Apóstol y San Francisco, quienes permanecieron junto al pueblo en los momentos de mayor crisis.
Asimismo, la tradición oral conserva relatos cargados de simbolismo espiritual, como aquel que narra un diálogo místico en el que le preguntan a San Bernandino cuántos “hijos” va a entregar. La respuesta tradicional afirma que él no entregará a sus fieles, justificando así por qué la comunidad celebra su triunfo año tras año. Al final, para los portadores de esta tradición, los milagros documentados no son meras coincidencias, sino el reflejo de una fe comunitaria viva que se comprueba en la cotidianidad y en la voluntad divina.
El acto de cargar las andas procesionales por las calles de Patzún representa un canal de comunicación directo entre el pueblo y lo sagrado. Los devotos locales se suman a las jornadas de carga con la convicción de que el recorrido del santo patrono purifica el municipio e intercede por las necesidades de la población, bajo la premisa comunitaria de que los milagros requieren, ante todo, de una fe inquebrantable. Este ciclo devocional de mayo alcanza su punto culmen cada 24 de mayo, fecha que marca el último recorrido procesional del año y celebra el triunfo espiritual de la deidad.
Las Texeles y la cofradía
Durante estos cortejos, las manifestaciones artísticas sustituyen el valor material por el sacrificio físico y devocional. En las narrativas de don Felipe Sanic, cofrade de San Bernardino de Siena, se explica que el Baile del Torito es un claro ejemplo de ello: según la herencia oral de los abuelos, el sentido de esta danza no es meramente lúdico, sino que constituye una ofrenda viva donde los danzantes entregan su esfuerzo e infunden alegría a los asistentes, sustituyendo las donaciones monetarias por el baile ceremonial frente a las imágenes religiosas.
Asimismo, el cofrade detalla que la estructura organizativa de la fiesta descansa sobre figuras ancestrales clave: las texeles. Estas mujeres, guardianas del orden ceremonial, cumplen con la función social de convocar y cohesionar a la comunidad. Dentro de la cosmovisión local, la cofradía y las texeles son parte indispensable para la supervivencia de la identidad colectiva; son ellas quienes portan elementos simbólicos como el incienso y las candelas, elementos que representan la luz divina compartida con el pueblo y que mantienen encendida la memoria histórica de Patzún.
Sincretismo y resistencia, las cofradías como guardianes de la cosmovisión maya
Mientras lleva en sus hombros la procesión de San Bernardino Luis Majtzul, representante de la cofradía de Patzún, explica que estas son entidades que nacieron como una estrategia de los ancestros para salvaguardar la cosmovisión originaria frente a la colonización, logrando entrelazar la fe cristiana con la espiritualidad maya. De acuerdo con Majtzul, el valor de la cofradía radica en que conviven armónicamente el respeto al cristianismo y las formas ancestrales de conexión con el Creador y Formador, garantizando así la supervivencia de su identidad espiritual.
La vivencia dentro de la cofradía genera un profundo sentido de plenitud comunitaria. Luis Majtzul destaca que la inmensa alegría de estas fechas radica en la fe y la confianza depositadas en el Creador y Formador del universo y de la vida. La festividad anual en honor a San Bernardino de Siena visto como el guardián y protector del pueblo es un espacio sagrado que convoca al respeto mutuo entre todos los asistentes, consolidándose como la celebración más importante del año para la espiritualidad de Patzún.
Memoria histórica y relevo generacional
La preservación de la memoria histórica es el motor que impulsa esta festividad anual. Los organizadores enfatizan que conocer el pasado es fundamental para no perder el rumbo ni olvidar los orígenes comunitarios. A través de estas tradiciones, la cofradía busca rescatar los valores positivos locales, promover la convivencia armónica y fortalecer la fe en un ser supremo.
Asimismo, la celebración rinde un homenaje vivo a los ancestros y personajes históricos que entregaron su vida para construir un mundo mejor, consolidándose como un esfuerzo anual por inspirar a las nuevas generaciones.
Ante el riesgo del olvido cultural, Luis Majtzul hace un llamado urgente a las comunidades y pueblos vecinos a no abandonar la espiritualidad ni las tradiciones heredadas por los ancestros, advirtiendo que la pérdida de estas creencias significaría el fin de la identidad local.
Sin embargo, Majtzul ve con optimismo el futuro; destaca que, gracias al Ajaw (el Creador), la festividad de Patzún crece cada año, logrando convocar de forma intergeneracional a niñeces, juventudes y personas adultas para mantener viva y robusta esta herencia sagrada.
El despliegue de estas festividades demanda un enorme esfuerzo organizativo y financiero que recae directamente en las familias locales. Participar en las danzas tradicionales implica una inversión económica alta; sin embargo, impulsados por la devoción, los propios integrantes de los tres grupos de moros costean sus trajes ceremoniales. Esta dedicación es asumida por los danzantes como un “diezmo” u ofrenda viva para regalar alegría al pueblo de Patzún y promover la continuidad de sus costumbres.
Al cierre de su intervención, el cofrade Felipe Sanic extendió un agradecimiento público a los medios alternativos como Prensa Comunitaria y Ruda por la cobertura y el espacio brindado para visibilizar la resistencia cultural del municipio.
Las festividades de mayo en Patzún son mucho más que un despliegue de fe y colorido; representan un bastión de resistencia cultural y espiritual. Mientras las narrativas de don Felipe Sanic alertan sobre el desgaste identitario frente al desinterés juvenil y la falta de apoyo institucional, las reflexiones de Luis Majtzul recuerdan que la cofradía sigue siendo ese espacio sagrado donde la cosmovisión maya y el cristianismo conviven armónicamente ante el Ajaw.
Al final, entre el sacrificio económico de los danzantes del Baile del Torito, el resguardo ceremonial de las texeles y el relevo intergeneracional que año tras año se suma a los cortejos, Patzún demuestra que su memoria histórica no está archivada en el pasado, sino viva en el corazón de su gente, decidida a no dejar morir el legado de los abuelos.



