En la aldea Vegas del Chixoy, el hallazgo de osamentas reavive la esperanza de familias que aún buscan a sus desaparecidos. El hecho ocurrió a unos 300 metros de la Sexta Brigada de Infantería, espacio donde durante el conflicto armado interno funcionó la zona militar número 22.
Por Joel Pérez
En Ixcán, Quiché, un territorio marcado por décadas de violencia, aún hay familias que no dejan de buscar a sus seres queridos desaparecidos durante el conflicto armado interno. Para ellas, cualquier hallazgo en el suelo comunitario abre una posibilidad de verdad largamente esperada.
Por eso, cuando el 27 de noviembre se reportó la presencia de restos humanos en un terreno a orillas del río Chixoy, varias personas acudieron al lugar con la esperanza, dolorosa pero persistente, de obtener respuestas sobre la suerte de sus familiares.
El hallazgo ocurrió mientras trabajadores realizaban excavaciones para fundir las bases de una nueva construcción en un centro recreativo. Entre la tierra arenosa aparecieron huesos que podrían corresponder a una tibia, un peroné y parte de un pie, además de restos de calzado y un trozo de trapo.

Las autoridades comunitarias y el encargado del terreno informaron de inmediato a la Policía Nacional Civil (PNC) y al Ministerio Público (MP). Con apoyo de distintas instituciones, se solicitó la presencia de un equipo forense para iniciar la exhumación y asegurar que el procedimiento se realizara con el debido rigor.
Noé Gonzales, propietario del terreno, expresó su compromiso con la investigación, subrayando que en la región aún existen familias que buscan a sus desaparecidos. Aseguró que es fundamental esclarecer cómo estos restos terminaron allí y recordó que podría tratarse de personas cuyo rastro se perdió en la época del conflicto armado que duró 36 años en Guatemala.
Don Mario Rax, autoridad comunitaria, también relacionó el caso con posibles desapariciones forzadas. Recordó que a pocos metros del lugar se ubica la zona militar, históricamente señalada por sobrevivientes como un punto asociado a detenciones y desapariciones.
Exhumación forense y esperanza en marcha
Tras la coordinación con el Ministerio Público, personal antropológico se movilizó hacia el lugar. La Fundación de Antropología Forense de Guatemala (FAFG) llegó el sábado 29 de noviembre para iniciar el proceso de excavación y recuperación de los restos.
El inicio de la exhumación motivó la llegada de varias familias de desaparecidos. Algunas viajaron desde comunidades distantes para presenciar el procedimiento y entregar sus datos al equipo forense, con la expectativa de que el hallazgo pudiera estar relacionado con sus seres queridos.
Entre quienes acudieron primero estuvo don Emeterio Toj Medrano, vecino de la comunidad indígena Primavera del Ixcán. Desde hace más de tres décadas busca a su hijo Juan Carlos Toj Zacarías, herido por el Ejército de Guatemala el 11 de octubre de 1989. Señaló que acude a cada posible exhumación con la esperanza de identificarlo.

También llegó doña Rosario Cacao, residente de la cabecera municipal, quien busca a su hermano Esteban Cacao, desaparecido durante el conflicto armado. Explicó que su madre dedicó su vida a buscarlo y que, por su avanzada edad, ahora ella continúa esa misión. Afirmó que solo desea encontrarlo para dar un cierre digno a su familia.
El equipo forense confirmó que las osamentas corresponden a dos cuerpos humanos. Tras la excavación, los restos serán analizados para establecer edad, sexo, estatura y realizar pruebas de ADN. Luego se procederá a las comparaciones genéticas con los perfiles de familiares registrados.
Según el antropólogo Alejandro Álvarez, de FAFG, varios testimonios de sobrevivientes refieren que esta zona fue utilizada para trasladar víctimas durante el conflicto armado. Por ello, existe la posibilidad de que los restos correspondan a personas desaparecidas en esa época.
Territorio herido y búsqueda de verdad
Para las comunidades del municipio de Ixcán, en el norte de Quiché, cada exhumación es un acto de memoria y dignidad. No se trata solo de recuperar los restos humanos, sino de reconstruir historias que fueron arrancadas violentamente y de devolver humanidad a quienes desaparecieron sin justicia.
Don Mario Rax insistió en el respeto que debe darse al manejo de los restos. Expresó que la comunidad no permitirá que sean tratados con desprecio y que, de ser necesario, viajarán a la capital para garantizar que el proceso se realice con responsabilidad.
La presencia de familiares bajo el sol en la selva de Ixcán, acompañando el trabajo forense, reafirma que la búsqueda continúa. Aunque han pasado décadas, la esperanza no se extingue y las familias mantienen la convicción de obtener un día la confirmación científica que les permita cerrar un duelo suspendido.

En un territorio donde el río Chixoy y la cercanía de instalaciones militares evocan memorias dolorosas, estos hallazgos reabren preguntas históricas sobre responsabilidad estatal y sobre las víctimas que nunca fueron registradas.
El trabajo de FAFG avanza paso a paso. La identificación dependerá ahora del análisis científico y del cumplimiento institucional para llevar el caso hasta sus últimas consecuencias.
Para quienes han esperado toda una vida, encontrar a un familiar desaparecido es más que justicia. Es recuperar un fragmento de verdad, una parte de la propia historia, una dignidad que nunca debió ser arrebatada.



