Uno de los municipios afectados por el terremoto de 1976, que golpeó gran parte del país, fue San Juan Comalapa, Chimaltenango, en este municipio la mayoría de viviendas estaban elaboradas con adobe.
A 50 años de ese evento, el pintor Francisco Otzoy recuerda las consecuencias devastadoras de ese fenómeno natural y lo que ocurrió previamente y que plasmó en su obra.
Por Joel Solano
Francisco Otzoy es un pintor de Comalapa, Chimaltenango, que a sus 19 años vivió uno de los eventos más letales de la historia de Guatemala, el terremoto de 1976, que dejó aproximadamente 23 mil muertos y unos 75 mil heridos, según datos oficiales.
A sus 69 años, Otzoy tiene presente los fenómenos naturales que auguraron lo que vendría. Uno de sus recuerdos fue una lluvia de estrellas. “Los cielos nos dieron señales, pero nunca lo entendimos”, dijo en una entrevista a Prensa Comunitaria.
Otzoy reside en San Juan Comalapa, un municipio que se ubica en el altiplano central de Guatemala con una población aproximada de 60 mil habitantes. Es un municipio rico en cultura y tradiciones donde su población se dedica principalmente a la agricultura, la artesanía y la música.
Hace 50 años, un 4 de febrero de 1976 a la 3:15 horas de la madrugada, el municipio se sacudió por el terremoto que azotó el territorio nacional. La mayor parte de infraestructura del municipio era adobe en su totalidad, lo que hizo que la mayoría de las viviendas se derrumbaran.

En la actualidad Otzoy se dedica a la pintura y por 25 años fue el encargado de la Casa de la Cultura del municipio, donde compartió su arte y la historia del lugar.
Las señales en el cielo
Un año antes del terremoto Otzoy recuerda que en el cielo vio señales que la mayoría de la población ignoró desconociendo el porqué de esos acontecimientos.
Por ejemplo recuerda un eclipse, lluvias de estrellas, el aullar de los coyotes que ingresaban al pueblo, por el oriente, el inusual y constante ladrido de los perros, los tecolotes que llegaban a cantar sobre la iglesia de San Juan, y hasta la “llorona”, un personaje de la cultura popular guatemalteca, que aseguran se escuchaba en las calles del municipio sin que los habitantes supieran lo que vendría meses después.
De julio de 1975 a enero de 1976 Otzoy observó fenómenos en el cielo. “El sol, el arcoíris se ponía atrás del sol, en círculo, pero había 10, 15 círculos, las nubes se formaban como una coliflor, durante muchos meses”, dijo.

San Juan Comalapa quedó devastado por el terremoto. Los templos sufrieron daños en toda su infraestructura como la basílica de San Juan Bautista que está al centro del municipio, el templo del Calvario, que está al ingreso, y la iglesia de Guadalupe en la parte norte.
Así vivió su familia el terremoto
Eran aproximadamente las 3:15 de la madrugada del 4 de febrero, todos descansábamos en la casa cuando de pronto escuchamos como truenos o como camiones que venían con mucho ruido proveniente del oriente del país, narra don Francisco.
El sismo de magnitud 7.5 sacudió los suelos, se empezaron a mover las casas y a derrumbarse. Fueron únicamente 35 segundos, pero causaron una gran destrucción.
“Nuestra casa estaba hecha de adobe, como casas coloniales. Estábamos con mi mamá, éramos siete. En ese tiempo mi papá y mi hermano mayor estaban tapiscando a unos ocho kilómetros de donde estábamos, ellos se quedaron a dormir ahí, recuerdo que ayudé a mí mamá y hermanos a sacarlos bajo los escombros sin saber que se me había quebrado la clavícula, luego de eso me quede tirado por dolor y cuando veo la lluvia de estrellas caer de los cielos” recordó.

Al amanecer todo era desolador y las réplicas de los temblores no cesaban. Familias completas se quedaron soterradas, algunas personas buscaban a sus familiares bajo los escombros, se escuchaban llantos por todos lados, al ver a su alrededor y al tratar de buscar una explicación de que había pasado, todo era aterrador, indicó Otzoy.
Según datos que se brindaron sobre las personas fallecidas a causa del terremoto, en San Juan Comalapa murieron más de 3 mil personas.
Alrededor del mediodía se inició la caravana de personas que llevaban a sus familiares fallecidos al cementerio de la localidad, las funerarias colapsaron por la cantidad de víctimas mortales.
En una de sus obras Otzoy retrató la lluvia de estrellas y los eclipses del año de 1975, un año antes del terremoto, las señas y acontecimientos que se darían previo a la tragedia del 4 de febrero de 1976.
Sin comida y sin ayuda
Familias enteras perdieron la vida, algunas personas al no tener ataúdes para sus familiares fallecidos tuvieron que envolver los cuerpos en plásticos, petates o sábanas para enterrarlos con la ayuda de maquinaria que abrió agujeros para que colocaran los cadáveres.
Los sobrevivientes se tuvieron que abastecer de lo que había, algunos tenían reservas de agua en utensilios de plástico, quienes no contaban con eso tenían que ir a los nacimientos o ríos cercanos al municipio para abastecerse. Llegó ayuda pero solo en las orillas de Comalapa y no era suficiente, ya que la mayoría de los afectados estaban en el centro del municipio señaló Otzoy.

Tuvimos que quedarnos en el corral de las gallinas después de lo sucedido, indicó Otzoy. Su madre limpió un lugar y se quedaron ahí. Su padre llegó al día siguiente con sacos de maíz en sus espaldas para abastecerlos. Otras familias se quedaron en las calles donde había espacio, algunos hacían covachas, viviendas muy precarias que se construyeron con láminas o cartón, tipo carpas, con lo que podían.
La ayuda llegó aproximadamente 20 días después, varias de las familias se quedaron sin comer por tres días. El ingreso fue complicado ya que la mayoría de las vías quedaron inaccesibles. Lo que tenían como tomate, frijol y otros productos de consumo diario quedaron soterrados.
Pero la solidaridad de las familias fue fundamental para sobrevivir mientras llegaba la ayuda, ya que lo que teníamos lo compartíamos entre nosotros, para que todas las vías se despejaran de nuevo se tardó medio año, mientras tanto sobrevivimos con lo que teníamos al alcance, señaló Otzoy.

La comunicación era poca ya que la energía quedó con desperfectos, lo único que teníamos eran radios de batería para conocer lo que pasaba, en Comalapa no había medios de comunicación ya que la mayoría de comunicadores laboraban en la ciudad, dos meses después salieron los periodistas para documentar lo que había pasado en Comalapa, recalcó.
Solidaridad internacional
Debido al terremoto la economía también resultó afectada. Un mes después de lo ocurrido llegó ayuda internacional para salud y viviendas. Se distribuyeron ranchos de madera para realizar covachas y techos de láminas.
Italia donó casas de madera, las antiguas casas de la Cruz Roja. Estados Unidos envió a médicos y construyó una carpa de 50 metros de ancho por 10 para atender a las personas que tenían alguna herida o fractura a consecuencia del terremoto.
Don Francisco dijo que para hacerse de recursos ofreció sus cuadros a los médicos norteamericanos que apoyaron en la carpa, ahí le dieron el trabajo de conserje y que apoyara con las traducciones en español y kaqchikel para conocer lo que cada paciente necesitaba.
El lugar brindó apoyo durante dos años que es el tiempo que apoyó en el centro de asistencia que se instaló en la Escuela hoy conocida como Mariano Rossel Arellano.
Luego para que el lugar se convirtiera en un centro médico se trasladó donde hoy se ubica el hospital Kaslen, que se encuentra en la parte norte del municipio, antes conocido como hospital California.
Todo esto forma parte de los recuerdos de Otzoy, quien a sus 59 años continúa pintando, aunque con menor frecuencia debido a las enfermedades que lo aquejan y quien no olvida que “los cielos dieron señales pero no las entendimos”.



