La población Xinka de Estanzuelas celebra los 99 años de la Cofradía de la “Nana Virgen”

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Créditos: Mujeres adornan la imagen de la Nana Virgen durante los 99 años de la Cofradía. Foto Glenda Álvarez
Tiempo de lectura: 13 minutos

La aldea Estanzuelas, en Nueva Santa Rosa, celebró los 99 años de la Cofradía de la Virgen del Tránsito, conocida localmente como la “Nana Virgen”. La fiesta de tres días congregó a cofradías de pueblos cercanos, en un encuentro en el que la música de banda, los rezos y las mesas compartidas fueron el rostro visible de un entramado comunitario más profundo. 

Por Glenda Álvarez

Cada diciembre, el pueblo de Estanzuelas, ubicado al pie del volcán “Ixiwa’ wona” en Jumaytepeque, Nueva Santa Rosa, se prepara para celebrar a su patrona espiritual: la virgen del Tránsito, conocida con afecto como la “Nana Virgen”. Este 2025, la comunidad conmemoró los 99 años de tradición, fe compartida y organización colectiva en torno a su cofradía, que ha sabido entrelazar la espiritualidad católica con la cosmovisión ancestral del pueblo Xinka.

La escena es profundamente simbólica: calles decoradas con flores, casas abiertas a la peregrinación de la imagen sagrada, altares con velas de colores, mesas comunitarias repletas de tamales, pan de mujer, dulces y los alimentos ceremoniales más importantes: el atol Xinka y el mendrugo. Todo ello acompañado por música de banda, rezos, bailes y una estructura de cofradía que representa no solo un rito, sino un tejido vivo de relaciones comunitarias, memoria histórica y resistencia cultural.

En esta cosmovisión, la virgen no es solo una figura del catolicismo, sino una mediadora espiritual entre el pueblo y Tiwix u Ow Kajna’Tata, el Creador Supremo. A través de ella, los pueblos invocan armonía con la tierra, el agua, los cerros y los elementos sagrados de la naturaleza. Así, la cofradía se convierte en un puente entre tradiciones, una forma de reafirmar identidad, territorio y autonomía espiritual.

Mujeres Xinka preparan el mendrugo, un guiso tradicional, en el marco de los 99 años de la Virgen del Tránsito en Estanzuelas, Santa Rosa. Foto Glenda Álvarez

Como ha señalado la antropóloga Claudia Dary, estas cofradías son “refugios” de prácticas indígenas que han sabido resistir al tiempo, a las imposiciones coloniales y al olvido, manteniendo vivas formas propias de organización, autoridad y celebración. En Estanzuelas ese refugio se expresa en cada gesto de hospitalidad, en cada ronda de comida compartida, en la rotación de cargos y en la implicación de toda la comunidad, generación tras generación.

La invitación a otras cofradías

Quince días antes del inicio de la fiesta, los personeros y mayordomos de Estanzuelas visitan a otras comunidades para llevar la invitación oficial. Estos viajes son cruciales; refuerzan los lazos entre cofradías y permiten coordinar la logística (horarios de llegada, transporte de las imágenes, etc.). Para la celebración 99 se visitaron las cofradías de:

Mataquescuintla (Jalapa) – dedicada a Santiago Apóstol.

Jumaytepeque (Nueva Santa Rosa) – con el patrono San Francisco de Asís.

Los Esclavos (Cuilapa) – donde se venera a la virgen de Candelaria.

Espitia Barrera – otra aldea del municipio de Nueva Santa Rosa que tiene de patrono a San Cristóbal.

La celebración de los 99 años de la cofradía de la virgen del Tránsito permite compartir con otras cofradías. Foto: Glenda Álvarez. 

En cada invitación se pronuncia la idea de que “los santos son compañeros y nosotros también tenemos que serlo”, mencionan abuelos, reafirmando que el intercambio de visitas es la base de la confraternidad Xinka.

Cronología de las celebraciones: tres días de comunidad, ofrenda y palabra

4 de diciembre: Recibida, cortesías y Mesa Común de bienvenida

El primer día de la celebración se inició con la llegada de las cofradías invitadas desde Jumaytepeque, Mataquescuintla, Los Esclavos y Espitia Barrera. Cada delegación trasladó sus imágenes en andas engalanadas con flores y banderas. Frente a la iglesia, la comunidad anfitriona los recibió con música de banda, cohetes y las tradicionales “cortesías”, una danza ritual en la que ondean banderas de satín frente a cada imagen como acto simbólico de respeto y hermandad entre pueblos.

Ofrendas que llevaron cofradías visitantes. Foto: Glenda Álvarez. 

Tras este acto, se celebró la primera Mesa Común, un espacio ceremonial de palabra y reciprocidad que marca el inicio espiritual de los festejos. En este encuentro, llamado también “Tope”, los personeros de cada cofradía se saludaron y agradecieron mutuamente. 

Luego, todos se trasladaron a la casa del Primer Mayordomo, donde se montó un altar decorado con los colores blanco y azul, de la cofradía anfitriona, y rojo y verde, del territorio Xinka. Las capitanas y los pentoneros fueron los encargados de preparar este espacio, que alojó rezos, ofrendas y alimentos compartidos.

5 de diciembre: Mesa Común principal y procesión de la Nana Virgen

El segundo día, considerado el eje central de la festividad, tuvo como acto principal la segunda Mesa Común. Esta vez fue la cofradía de Estanzuelas la que entregó ofrendas a las cofradías visitantes, reafirmando el principio de reciprocidad que guía la relación entre pueblos. Las ofrendas incluyen pan de mujer (o pan hechizo), dulces típicos y el atol de los Xinka, preparados por las abuelas y guardianas del fogón con días de antelación.

Las ofrendas incluyen pan de mujer y atol de los Xinkas. Foto: Glenda Álvarez.

Por la noche, la Nana Virgen del Tránsito salió en procesión por las calles del pueblo, rodeada de flores, velas y devoción. La banda acompañó con cantos tradicionales mientras los devotos caminan junto a la imagen en un acto de fervor, memoria y comunión espiritual que representa uno de los momentos más solemnes de la fiesta.

6 de diciembre: Mesa Común final y despedidas

El tercer día estuvo dedicado a la Mesa Común de despedida, centrada en el mendrugo —un guiso tradicional preparado con recado, carne y papa— y el atol Xinka. Doña Margarita Martínez, una de las abuelas más sabias de Estanzuelas, dirigió la preparación de estos alimentos, diciendo: “sin nuestro atol y el mendrugo no hay celebración”.

Antes de iniciar la mesa, las imágenes fueron trasladadas nuevamente a la casa del Primer Mayordomo. Allí fueron inciensadas por mujeres mayores, que también colocaron collares de pan a cada santo, como símbolo de bendición para el regreso. Cada cofradía presentó su canasto ritual, con velas, estampas, oraciones y símbolos propios para la veneración.

El mendrugo es un guiso tradicional que se prepara con recado, carne y papa. Foto: Glenda Álvarez. 

El mendrugo se sirvió en dos rondas: una primera exclusiva para mayordomos y capitanas, que llevaron una porción de regreso a sus comunidades como testimonio de participación; y una segunda abierta a todos los asistentes, reforzando el sentido de comunidad compartida. Al concluir, los personeros ofrecieron palabras de agradecimiento, pidieron perdón por cualquier falta cometida y reafirmaron los lazos espirituales entre las cofradías hermanas.

Esa misma noche, entre música de banda y danzas, se realizaron las cortesías finales. La cofradía anfitriona acompañó y despidió a cada delegación visitante con el mismo gesto ceremonial que marcó su llegada. Durante los tres días, las cofradías foráneas fueron hospedadas en hogares locales como acto de hospitalidad y unidad, confirmando que en el tejido comunitario Xinka la fiesta no es solo una tradición: es una forma de vivir, organizarse y resistir juntos.

Espiritualidad y sincretismo en la celebración de la “Nana Virgen” peregrina

La fiesta titular rinde tributo a la virgen del Tránsito (la Nana Virgen), pero en el imaginario Xinka ella se asocia con el equilibrio cósmico y la fecundidad de la tierra. Cada año, la imagen de la Nana Virgen recorre las casas de la aldea bajo la protección de los mayordomos, como una forma de llevar bendición y pedir ofrendas. “Durante el año, las imágenes van pasando de casa en casa donde se les venera”, narran los propios devotos, acompañando la tradición de las ofrendas con cánticos y oraciones. 

Las familias reciben a la virgen entre velas de colores que simbolizan los puntos cardinales –costumbre Xinka recogida en la tradición– y ofrendan lo que pueden. En cada visita, los mayordomos preguntan: “¿Cuántas noches quiere tener la imagen en su casa?”. La familia determina el número de noches que la virgen permanecerá en su hogar, y ofrenda voluntaria y simbólicamente una cantidad por esas noches. 

La fiesta es patrocinada por la comunidad pero existe un organizador. Foto: Glenda Álvarez. 

Esta dinámica de visitar hogares refuerza que la cofradía no es propiedad de un templo, sino de la gente. Como explica Victorino Hernández, el mayordomo más antiguo de la comunidad, y quien en este periodo de la cofradía fungió como “personero”: “aquí la fiesta la organiza toda la comunidad, la patrocina la comunidad, pero hay un organizador que es el mayordomo que está en turno”. 

La responsabilidad recae en un líder anual, pero la devoción y el trabajo es de todos. El acto de llevar la imagen de casa en casa cumple también un rol práctico de convocatoria: de esa manera cada familia Xinka se implica en la celebración. Al final del recorrido anual, la imagen regresa al oratorio comunitario, tras meses de bendecir cada hogar y recoger ofrendas que sostendrán la fiesta común. Este ciclo de peregrinaje simboliza el cuidado mutuo: quienes reciben a la virgen en su hogar asumen el rol de custodios temporales y mantienen viva la tradición.

Historia oral y memoria local

La historia de la cofradía de Estanzuelas está profundamente entrelazada con la memoria oral y los procesos históricos coloniales. Según los relatos de los ancianos, originalmente Estanzuelas no formaba parte del territorio comunal Xinka, pero fue incorporada simbólicamente por “gracia” de la virgen del Tránsito. 

Se cuenta que en algún momento del siglo XX, la imagen de la virgen junto con los títulos comunales fueron trasladados de Estanzuelas (municipio de Nueva Santa Rosa) a Jumaytepeque, reconociéndo así como parte de las tierras comunales de Jumay. Aunque no existen registros oficiales de este acto, la tradición oral lo considera un momento clave de unidad y alianza entre comunidades Xinka.

Desde entonces, las imágenes de ambas comunidades “se devuelven la visita” en fechas sagradas, reforzando sus lazos a través de peregrinaciones compartidas. Esta práctica de reciprocidad no es reciente: desde la época colonial, los pueblos Xinka de la región realizaban estas romerías entre cofradías. 

Cortesías de despedida entre las cofradías. Foto: Glenda Alvarez.

La Monografía de Cuilapa (1984) relata cómo la aldea de Los Esclavos organizaba procesiones a Jumaytepeque y Mataquescuintla, donde se reunían con otras cofradías para caminar juntas, rezar y cerrar con grandes comidas costeadas por sus miembros. La cofradía de Estanzuelas es heredera directa de estas formas de encuentro, cuya continuidad representa una expresión de la resistencia cultural Xinka frente al colonialismo y al olvido.

En regiones donde se ha impuesto una identidad ladina-mestiza, como Palencia, afloran elementos de esta misma tradición Xinka. A pesar de que muchas personas no se identifican hoy como indígenas, las costumbres festivas, los protocolos rituales y las estructuras organizativas remiten claramente a una raíz Xinka. Como el caso de comunidades como Sanguayabá, Sansur, Plan Grande, La Yerbabuena y Las Cofradías, ubicadas en la Montaña de Palencia, donde aún se practican celebraciones patronales con danzas de banderas, mesas comunes, rezos, cohetes y visitas recíprocas entre cofradías.

La Cofradía como forma de organización comunitaria Xinka

Estructura y dinámica organizativa

Las cofradías en el territorio Xinka no son estructuras religiosas convencionales, sino formas propias de organización comunitaria profundamente ligadas a la identidad, espiritualidad y resistencia del pueblo Xinka. Aunque comparten rasgos comunes, cada cofradía se organiza de manera particular según su historia, costumbres y contexto local. La cofradía de la Virgen del Tránsito en Estanzuelas es un ejemplo claro de esta riqueza organizativa.

Estructura de una cofradía:

  • Primer Mayordomo/a: Principal responsable de la cofradía que durante su período lidera todas las actividades religiosas y comunitarias.
  • Segundo Mayordomo/a: Sucesor/a directo/a; se prepara para asumir el cargo el año siguiente.
  • Capitanes o capitanas: Mujeres y hombres de confianza del mayordomo —como esposas, madres, hermanas o familiares cercanos— que se encargan de la organización de la cocina, la preparación de ofrendas y el cuidado logístico de los altares y espacios ceremoniales.
  • Personeros: Voceros de la cofradía. Representan oficialmente a la comunidad, coordinan invitaciones, llevan la palabra, presentan ofrendas y aseguran el protocolo ceremonial.
  • Secretaría y Tesorería: Encargados del manejo de documentos, ingresos y gastos. Rinden cuentas públicas al final de cada gestión, fortaleciendo la transparencia comunitaria.
  • Pentoneros/as: Jóvenes organizados que apoyan en tareas logísticas, decoran, sirven comida, acompañan a las imágenes y participan en las cortesías. En algunas comunidades, como Palencia, se les conoce como “padrinos”, y suelen ser la base formativa para llegar más adelante al cargo de mayordomo.
  • Devotos: Fieles comprometidos con la imagen sagrada y con el sostenimiento de las prácticas comunitarias.

Comisiones específicas de trabajo:

  • Cocina: Organiza y prepara los alimentos para devotos e invitados.
  • Pan de mujer: Prepara el pan hechizo o pan de mujer, pan ceremonial propio del pueblo Xinka.
  • Adorno: Decora el templo, los altares y los espacios con flores, manteles, guirnaldas y estampas.
  • Cohetería: Responsable de los fuegos artificiales durante las celebraciones y rezos nocturnos.

Estas funciones se rotan cada dos años, garantizando una distribución equitativa de la responsabilidad y permite que muchas familias participen activamente. La aceptación del cargo es un acto de honor y compromiso comunitario.

¿Qué es la Mesa Común?

La Mesa Común es un símbolo material y espiritual. Alfonso Hernández, personero de la cofradía de Estanzuelas, explica que se llama así “porque se comparte en común, en comunidad: no solo los alimentos, sino también la palabra, la fe y la tradición”. Esta mesa no es solo un lugar donde se sirve comida. Es una forma de recordar que en la comunidad nadie está solo, y que todo se comparte: lo material, lo simbólico y lo espiritual.

Los pobladores comparten dulces en la mesa común, antes eran cigarros. Foto: Glenda Álvarez.

Antiguamente, según recuerdan los mayordomos con más años de experiencia, en lugar de dulces se compartían cigarros durante la mesa común. Era una tradición muy marcada entre los Xinka: los personeros encendían el cigarro del compañero como símbolo de fraternidad, y el plato ceremonial contenía precisamente cigarros. “Se llenaba de humo la mesa porque todos los hombres se ponían a fumar como acto de compañerismo”, recuerda Cristian Navarijo. 

Sin embargo, con el paso del tiempo y la búsqueda de mayor armonía con la tradición católica, esta práctica fue reemplazada por el ofrecimiento de dulces, manteniendo el gesto de comunión, pero transformando el símbolo.

¿Cómo se desarrolla?

Una vez sentados, se hace el reconocimiento de cada cofradía visitante. Los personeros de cada una son llamados por nombre y comunidad para que reconozcan su lugar dentro de la mesa. Este lugar simbólico es designado desde el inicio, refleja el respeto y la organización del sistema de cofradías.

Después, los personeros anfitriones entregan un plato de dulces a los visitantes, quienes lo reciben y lo reparten con sus mayordomos, capitanas y acompañantes. Luego, cada cofradía visitante también ofrenda un plato con dulces para que la cofradía anfitriona lo distribuya entre los suyos.

Los dulces tienen un valor especial: representan la dulzura de la convivencia, la alegría del compartir y la esperanza de abundancia. Además, recuerdan pasajes bíblicos como la multiplicación de los panes. Por eso, en un gesto íntimo y profundo, el personero anfitrión da un dulce directamente en la boca al personero visitante. Esta acción simboliza confianza, afecto, comunión y hermandad entre comunidades.

Después del intercambio de dulces, las cofradías visitantes presentan sus ofrendas: pan tradicional, botellas de licor, dulces, incienso, velas, e incluso dinero en efectivo. Todo esto se entrega con respeto y con palabras de gratitud. Estas ofrendas no son solo bienes materiales, también son gestos de hermandad, confianza y continuidad de las relaciones entre pueblos.

Atol de los Xinkas, una bebida de harina de pan y arroz. Foto: Glenda Álvarez.

Uno de los momentos más esperados es cuando se sirve el atol de los Xinka, una bebida hecha con harina de pan y arroz, que solo se prepara para estas fechas. Doña Margarita Martínez, una abuela de Estanzuelas, es una de las guardianas del fogón y de las recetas ancestrales. Ella ha transmitido por generaciones el arte de preparar la bebida tradicional de las mesas comunes, un atol espeso, pero de sabor muy delicioso. Este alimento no solo nutre el cuerpo, también sostiene la vida comunitaria y espiritual.

https://twitter.com/PrensaComunitar/status/1997418474231234642?s=20

Mientras se comparten los alimentos, una banda musical acompaña con cantos alegres, típicos del oriente guatemalteco. Las canciones animan la tarde y dan calor al corazón. Finalmente, antes de concluir, el personero anfitrión toma la palabra para agradecer uno a uno a los personeros visitantes y a todas las cofradías presentes por su generosidad, sus ofrendas y su presencia.

Continuidad intergeneracional

Uno de los rasgos más conmovedores y esenciales de la Cofradía del Tránsito en Estanzuelas es su capacidad de proyectarse en el tiempo a través de un relevo generacional sostenido. La cofradía no es un espacio reservado a las personas mayores: es una escuela viva de fe, organización y memoria en la que participan niños, jóvenes, adultos y ancianos. Los antiguos mayordomos asumen el rol de portadores de conocimiento, mientras que las nuevas generaciones reciben las enseñanzas con respeto y compromiso. 

Cristian Navarijo, actual Primer Mayordomo y uno de los más jóvenes en ocupar ese cargo en Estanzuelas, es un claro ejemplo de este relevo. Su camino comenzó cuando apenas tenía siete años sin comprender del todo lo que significaba estar en una cofradía, pero con una fuerte atracción por las actividades comunitarias. Pasó por el rol de pentonero y hoy lidera la cofradía, inspirado por el ejemplo de su madre, quien fue la primera capitana. 

En sus palabras:

“Cuando entré, muchos se burlaban. Me decían que me estaba metiendo en cosas de señores. Pero con el tiempo entendí que no era solo una tradición, sino una forma de perpetuar nuestra cultura. Yo me siento bendecido: la energía de la comunidad, el respaldo del pueblo, todo eso te transforma”.

Esta historia personal se entrelaza con una práctica colectiva. Durante las celebraciones, las generaciones conviven activamente: niños decoran altares, jóvenes reparten alimentos y ayudan con las imágenes, mujeres mayores organizan la cocina, y los ancianos cuidan los detalles ceremoniales. El relevo no es abrupto ni impuesto, sino ritualizado y afectivo. Cada dos años, la rotación de cargos permite que nuevas familias y generaciones tomen las riendas, bajo la guía de quienes ya han servido.

Durante los recorridos, la comitiva de músicos que invita a la gente a la celebración está compuesta por “mujeres y hombres adultos y jóvenes”, lo que refleja que las tradiciones se practican en familia.

Christian Navarijo, primer mayordomo de la Cofradía de la Virgen del Tránsito. Foto: Glenda Álvarez. 

En este contexto, la cofradía no solo cumple una función ceremonial, sino que se erige también como un actor social colectivo. A través de su estructura y autoridad comunitaria, promueve la defensa del territorio ante amenazas como desalojos o proyectos extractivos. Al mantener vivas las ofrendas a los cerros o santos tutelares —considerados los “dueños” espirituales del paisaje— y las prácticas rituales asociadas, los Xinka reafirman su vínculo con la madre tierra y su herencia histórica. Esta relación espiritual y cultural se transmite de generación en generación mediante la oralidad, pues así les ha tocado: contar, enseñar y sostener la memoria a través de la palabra, los fogones, los rezos y las prácticas comunitarias que resisten al olvido.

Así, cada diciembre, Estanzuelas no sólo celebra una fiesta patronal: reafirma una historia tejida en comunidad, alimentada por la palabra, sostenida en la fe y arraigada en una identidad Xinka que resiste, florece y se renueva con cada generación.

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